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3. El
Jubileo bíblico
Un
significativo trasfondo bíblico de la reconciliación vinculada a la superación
de situaciones pasadas lo representa la celebración del Jubileo, tal como está
regulada en el libro del Levítico (cap. 25). En una estructura social hecha de
tribus, clanes y familias se creaban inevitablemente situaciones de desorden
cuando individuos o familias de condiciones precarias debían «rescatarse» a sí
mismos de las propias dificultades, entregando la propiedad de su tierra o
casa, siervos o hijos a aquellos que se encontraban en condiciones mejores que
las suyas. Un sistema como éste producía el efecto de que algunos israelitas
llegaban a sufrir situaciones intolerables de deuda, pobreza y esclavitud, para
beneficio de otros hijos de Israel, en aquella misma tierra que les había sido
dada por Dios. Todo esto podía traer consigo que, en períodos más o menos
largos de tiempo, un territorio o un clan cayeran en las manos de pocos ricos,
mientras que el resto de las familias del clan llegaba a encontrarse en una
forma tal de endeudamiento o de esclavitud que les obligaba a vivir en total
dependencia de los más acomodados.
La legislación
de Lev 25 constituye un intento de subvertir todo esto (¡hasta el punto
de poder dudar que jamás se haya puesto en práctica de una manera plena!); la
legislación convocaba la celebración del Jubileo cada cincuenta años con el fin
de preservar el tejido social del pueblo de Dios y restituir la independencia
también a la familia más pequeña del país. Para Lev 25 es decisiva la
repetición regular de la confesión de fe de Israel en el Dios que ha liberado a
su pueblo a través del éxodo: «Yo soy el Señor, vuestro Dios, que os saqué de
la tierra de Egipto, para daros la tierra de Canaán y ser vuestro Dios» (Lev
25,38; cf. vv.42.45). La celebración del Jubileo era una admisión implícita de
culpa y un intento de restablecer un orden justo. Todo sistema que llevara a la
alienación de cualquier israelita, esclavo en otro tiempo, pero ahora liberado
por el brazo poderoso de Dios, venía de hecho a desmentir la acción salvífica
divina en el éxodo y a través del éxodo.
La liberación
de las víctimas y de los que sufren se convierte en parte del más amplio
programa de los profetas. El Déutero-Isaías, en los poemas del Siervo sufriente
(Is 42,1-9; 49,1-6; 50,13-53,12), desarrolla estas alusiones a la
práctica del Jubileo juntamente con los temas del rescate y de la libertad, del
retorno y de la redención. Isaías 58 es un ataque contra la observancia ritual
que no tiene en cuenta la justicia social, una llamada a la liberación de los
oprimidos (Is 58,6), centrada específicamente en las obligaciones de
parentesco (v.7). Más claramente, Isaías 61 usa las imágenes del Jubileo para
representar al Ungido como el heraldo de Dios enviado a «evangelizar» a los
pobres, a proclamar la libertad a los prisioneros y a anunciar el año de gracia
del Señor. Significativamente es este mismo texto, con una alusión a Isaías
58,6, el que Jesús usa para presentar la finalidad de su vida y de su
ministerio en Lucas 4,17-21.
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