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4. Conclusión
De todo lo
dicho se puede concluir que la llamada dirigida por Juan Pablo II a la Iglesia
para que caracterice el año jubilar con una admisión de culpa por todos los
sufrimientos y las ofensas de que se han hecho responsables en el pasado sus
hijos39, así como la praxis unida a ello, no encuentran una
verificación unívoca en el testimonio bíblico. Sin embargo, se basan en todo lo
que la Sagrada Escritura afirma respecto a la santidad de Dios, a la
solidaridad intergeneracional de su pueblo y al reconocimiento de su ser
pecador. La apelación del Papa asume, además, correctamente el espíritu del
Jubileo bíblico, que requiere que sean llevados a cabo actos destinados a
restablecer el orden del designio originario de Dios sobre la creación. Esto
exige que la proclamación del hoy del Jubileo, iniciado por Jesús (cf. Lc
4,21), se continúe en la celebración jubilar de su Iglesia. Además, esta
singular experiencia de gracia empuja al pueblo de Dios todo entero, así como a
cada uno de los bautizados, a tomar una conciencia todavía mayor del mandato
recibido del Señor para estar siempre dispuestos a perdonar las ofensas
recibidas.
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