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1. La
interpretación de la historia
¿Cuáles son las
condiciones de una correcta interpretación del pasado desde el punto de vista
del conocimiento histórico? Para determinarlas hay que tener en cuenta la
complejidad de la relación que existe entre el sujeto que interpreta y el
pasado objeto de interpretación65; en primer lugar se debe
subrayar la recíproca extrañeza entre ambos. Eventos y palabras del pasado son
ante todo «pasados»; en cuanto tales son irreductibles totalmente a las
instancias actuales, pues poseen una densidad y una complejidad objetivas, que
impiden su utilización únicamente en función de los intereses del presente. Hay
que acercarse, por tanto, a ellos mediante una investigación histórico-crítica,
orientada a la utilización de todas las informaciones accesibles de cara a la
reconstrucción del ambiente, de los modos de pensar, de los condicionamientos y
del proceso vital en que se sitúan aquellos eventos y palabras, para
cerciorarse así de los contenidos y los desafíos que, precisamente en su
diversidad, plantean a nuestro presente.
En segundo
lugar, entre el sujeto que interpreta y el objeto interpretado se debe
reconocer una cierta copertenencia, sin la cual no podría existir ninguna
conexión y ninguna comunicación entre pasado y presente; esta conexión
comunicativa está fundada en el hecho de que todo ser humano, de ayer y de hoy,
se sitúa en un complejo de relaciones históricas y necesita, para vivirlas, de
una mediación lingüística, que siempre está históricamente determinada. ¡Todos
pertenecemos a la historia! Poner de manifiesto la copertenencia entre el
intérprete y el objeto de la interpretación, que debe ser alcanzado a través de
las múltiples formas en las que el pasado ha dejado su testimonio (textos,
monumentos, tradiciones...), significa juzgar si son correctas las posibles
correspondencias y las eventuales dificultades de comunicación con el presente,
puestas de relieve por la propia comprensión de las palabras o de los
acontecimientos pasados; ello requiere tener en cuenta las cuestiones que
motivan la investigación y su incidencia sobre las respuestas obtenidas, el
contexto vital en que se actúa y la comunidad interpretadora, cuyo lenguaje se
habla y a la cual se pretenda hablar. Con tal objetivo es necesario hacer
refleja y consciente en el mayor grado posible la precomprensión, que de hecho
se encuentra siempre incluida en cualquier interpretación, para medir y
atemperar su incidencia real en el proceso interpretativo.
Finalmente,
entre quien interpreta y el pasado objeto de interpretación se realiza, a través
del esfuerzo cognoscitivo y valorativo, una ósmosis («fusión de horizontes»),
en la que consiste propiamente la comprensión. En ella se expresa la que se
considera inteligencia correcta de los eventos y de las palabras del pasado; lo
que equivale a captar el significado que pueden tener para el intérprete y para
su mundo. Gracias a este encuentro de mundos vitales, la comprensión del pasado
se traduce en su aplicación al presente: el pasado es aprehendido en las
potencialidades que descubre, en el estímulo que ofrece para modificar el
presente; la memoria se vuelve capaz de suscitar nuevo futuro.
A una ósmosis
fecunda con el pasado se accede merced al entrelazamiento de algunas
operaciones hermenéuticas fundamentales, correspondientes a los momentos ya
indicados de la extrañeza, de la copertenencia y de la comprensión verdadera y
propia. Con relación a un «texto» del pasado, entendido en general como
testimonio escrito, oral, monumental o figurativo, estas operaciones pueden ser
expresadas del siguiente modo: «1) comprender el texto, 2) juzgar la corrección
de la propia inteligencia del texto y 3) expresar la que se considera
inteligencia correcta del texto»66. Captar el testimonio del
pasado quiere decir alcanzarlo del mejor modo posible en su objetividad, a
través de todas las fuentes de que se pueda disponer; juzgar la corrección de
la propia interpretación significa verificar con honestidad y rigor en qué
medida pueda haber sido orientada, o en cualquier caso condicionada, por la
precomprensión o por los posibles prejuicios del intérprete; expresar la
interpretación obtenida significa hacer a los otros partícipes del diálogo
establecido con el pasado, sea para verificar su relevancia, sea para exponerse
a la confrontación con otras posibles interpretaciones.
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