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4. Cristianos
y hebreos
Uno de los
campos que requiere un examen de conciencia particular es la relación entre
cristianos y hebreos81. La relación de la Iglesia con el
pueblo hebreo es diversa de la que condivide con cualquier otra
religión82. Y, sin embargo, «la historia de las relaciones
entre hebreos y cristianos es una historia atormentada [...] En efecto, el
balance de estas relaciones durante dos milenios ha sido más bien
negativo»83. La hostilidad o la desconfianza de numerosos
cristianos hacia los hebreos a lo largo del tiempo es un hecho histórico
doloroso y es causa de profunda amargura para los cristianos conscientes del
hecho de que «Jesús era descendiente de David; de que del pueblo hebreo
nacieron la Virgen María y los Apóstoles; de que la Iglesia recibe su sustento
de las raíces de aquel buen olivo al que están unidas las ramas del olivo
selvático de los gentiles (cf. Rom 11,17-24); de que los hebreos son
nuestros hermanos queridos y amados, y de que, en cierto sentido, son
verdaderamente “nuestros hermanos mayores”»84.
La Shoah
fue ciertamente el resultado de una ideología pagana, como era el nazismo,
animada por un antisemitismo despiadado, que no sólo despreciaba la fe, sino
que negaba hasta la misma dignidad humana del pueblo hebreo. No obstante, «hay
que preguntarse si la persecución del nazismo respecto a los hebreos no haya
sido facilitada por los prejuicios antijudíos presentes en las mentes y en los
corazones de algunos cristianos [...] ¿Ofrecieron los cristianos toda la
asistencia posible a los perseguidos, en particular a los hebreos?»85.
Hubo, sin duda, muchos cristianos que arriesgaron su vida para salvar y ayudar
a sus conocidos hebreos. Pero parece igualmente verdad que, «junto a tales
hombres y mujeres valerosos, la resistencia espiritual y la acción cristiana de
otros cristianos no fue la que se hubiera debido esperar de discípulos de
Cristo»86. Este hecho constituye una apelación a la
conciencia de todos los cristianos de hoy, capaz de exigir «un acto de
arrepentimiento (teshuva)»87 y de convertirse en
acicate para redoblar los esfuerzos por ser «transformados mediante la
renovación de la mente» (Rom 12,2) y por mantener una «memoria moral y
religiosa» de la herida infligida a los hebreos. En este campo, lo mucho que ya
se ha hecho podrá ser confirmado y profundizado.
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