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5. Nuestra
responsabilidad por los males de hoy
«La época
actual, junto a muchas luces, presenta también no pocas sombras»88.
En primer plano puede señalarse entre éstas el fenómeno de la negación de Dios
en sus múltiples formas. Lo que llama especialmente la atención es que esta
negación, especialmente en sus aspectos más teóricos, es un proceso que ha
emergido en el mundo occidental. Unida al eclipse de Dios se encuentra, además,
una serie de fenómenos negativos como la indiferencia religiosa, la difusa
falta del sentido trascendente de la vida humana, un clima de secularismo y de
relativismo ético, la negación del derecho a la vida del niño no nacido,
incluso sancionada en las legislaciones abortistas, y una amplia indiferencia
respecto al grito de los pobres en amplios sectores de la familia humana.
La cuestión
inquietante que hay que plantear es en qué medida los creyentes mismos han sido
responsables de estas formas de ateísmo, teórico y práctico. La Gaudium et
spes responde con palabras cuidadosamente elegidas: «En este campo también
los mismos creyentes tienen muchas veces alguna responsabilidad. Pues el
ateísmo, considerado en su integridad, no es un fenómeno originario, sino más
bien un fenómeno surgido de diferentes causas, entre las que se encuentra
también una reacción crítica contra las religiones y, ciertamente, en no pocos
países contra la religión cristiana. Por ello, en esta génesis del ateísmo
puede corresponder a los creyentes una parte no pequeña»89.
Desde el
momento en que el rostro auténtico de Dios ha sido revelado en Jesucristo, a
los cristianos se les ofrece la gracia inconmensurable de conocer este rostro;
los cristianos, sin embargo, tienen también la responsabilidad de vivir de tal
modo que manifiesten a los otros el verdadero rostro del Dios vivo. Ellos están
llamados a irradiar al mundo la verdad de que «Dios es amor (agape)» (1
Jn 4,8.16). Porque Dios es amor, es también Trinidad de Personas, cuya vida
consiste en su infinita y recíproca comunicación en el amor. De ello se deduce
que el mejor camino para que los cristianos irradien la verdad del Dios amor es
el amor mutuo: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si tenéis
amor unos para con otros» (Jn 13,35). Y esto hasta el punto de poder
afirmar que frecuentemente los cristianos «por descuido en la educación para la
fe, por una exposición falsificada de la doctrina, o también por los defectos
de su vida religiosa, moral y social, puede decirse que han velado el verdadero
rostro de Dios y de la religión, más que revelarlo»90.
Hay que
destacar, finalmente, que mencionar estas culpas de los cristianos no es tan
sólo confesarlas a Cristo Salvador, sino también alabar al Señor de la historia
por el amor misericordioso. Efectivamente, los cristianos no creen sólo en la
existencia del pecado, sino también y sobre todo en el «perdón de los pecados».
Además recordar estas culpas quiere decir también aceptar nuestra solidaridad
con quienes en el bien y en el mal nos han precedido en el camino de la verdad,
ofrecer al presente un fuerte motivo de conversión a las exigencias del
Evangelio y poner un necesario preludio a la petición de perdón a Dios, que
abre el camino a la reconciliación mutua.
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