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I. Origen y desarrollo de la expresión.
2.
En el Nuevo Testamento, la expresión Iglesias hermanas, como tal, no se
encuentra; sin embargo, se hallan numerosas indicaciones que manifiestan las
relaciones de fraternidad existentes entre las Iglesias locales de la
antigüedad cristiana. El pasaje neotestamentario que en modo más explícito
refleja esa convicción es la frase final de 2 Jn 13: «Te saludan los hijos de
tu hermana Elegida». Se trata de saludos enviados de una comunidad eclesial a
otra; la comunidad que envía los saludos se llama a sí misma “hermana” de la
otra.
3.
En la literatura eclesiástica, la expresión se comienza a utilizar en
Oriente cuando, a partir del siglo V, se difunde la idea de la Pentarquía,
según la cual a la cabeza de la Iglesia se encontrarían los cinco Patriarcas, y
la Iglesia de Roma tendría el primer puesto entre las Iglesias hermanas
patriarcales. Al respecto, hay que notar que ningún Romano Pontífice reconoció
esta equiparación de las sedes ni aceptó que a la sede romana se le reconociese
solamente un primado de honor. Además, nótese que en Occidente no se desarrolló
esa estructura patriarcal que es típica de Oriente.
Como se sabe, en los siglos siguientes las divergencias
entre Roma y Constantinopla llevaron a excomuniones mutuas, que tuvieron
«consecuencias, que, por cuanto podemos juzgar, fueron más allá de las intenciones
y las previsiones de sus autores, cuyas censuras concernían a las personas
afectadas, no a las Iglesias, y no tenían la intención de romper la comunión
eclesiástica entre las sedes de Roma y de Constantinopla»1.
4.
La expresión aparece de nuevo en
dos cartas del Metropolita Nicetas de Nicomedia (año 1136) y del Patriarca Juan
X Camateros (desde 1198 a 1206), en las cuales ambos protestaban contra Roma,
la cual, presentándose como madre y maestra, habría anulado su autoridad. Según
ellos, Roma es solamente la primera entre hermanas de igual dignidad.
5.
En época reciente, el primero en utilizar nuevamente la expresión
Iglesias hermanas fue el Patriarca ortodoxo de Constantinopla Atenágoras I. Acogiendo
los gestos fraternos y la llamada a la unidad a él dirigidos por Juan XXIII,
expresa a menudo en sus cartas el auspicio de ver pronto restablecida la unidad
entre las Iglesias hermanas.
6.
El Concilio Vaticano II usa la expresión Iglesias hermanas para
calificar la relación fraterna entre las Iglesias particulares: «…existen en
Oriente muchas iglesias particulares o locales, entre las cuales ocupan el
primer lugar las iglesias patriarcales, y de las cuales no pocas tienen origen
en los mismos Apóstoles. Por este motivo ha prevalecido y prevalecen entre los
orientales la diligencia y el cuidado de conservar en la comunión de la fe y de
la caridad aquellas relaciones fraternas, que deben observarse entre las
iglesias locales como entre hermanas».2
7.
El primer documento pontificio en el cual de halla el apelativo de
hermanas aplicado a las Iglesias es el Breve Anno ineunte, de Pablo VI al
Patriarca Atenágoras I. Tras haber manifestado su voluntad de hacer lo posible
para «restablecer la plena comunión entre la Iglesia de Occidente y la Iglesia
de Oriente», el Papa se pregunta: «Puesto que en cada Iglesia local se opera
este misterio del amor divino, ¿no es tal vez éste el origen de aquella
expresión tradicional, en virtud de la cual las Iglesias de varios lugares
comenzaron a llamarse entre ellas como hermanas? Nuestras Iglesias han vivido
por siglos como hermanas, celebrando juntas los concilios ecuménicos, que han
defendido el depósito de la fe contra toda alteración. Ahora, después de un
largo período de división y de incomprensión recíproca, el Señor, a pesar de
las dificultades que en el pasado han surgido entre nosotros, nos da la
posibilidad de redescubrirnos como Iglesias hermanas».3
8.
Después la expresión ha sido utilizada por Juan Pablo II en numerosos
discursos y documentos entre los cuales serán recordados aquí los principales,
siguiendo un orden cronológico.
Encíclica Slavorum Apostoli: «Para nosotros [Cirilo y Metodio]
son paladines y a la vez patronos en el esfuerzo ecuménico de las Iglesias
hermanas de Oriente y Occidente para volver a encontrar, mediante el diálogo y
la oración, la unidad visible en la comunión perfecta y total».4
Carta de 1991 a los Obispos europeos: «Con aquellas Iglesias
[las Iglesias ortodoxas] se fomentan relaciones como entre Iglesias hermanas,
según la expresión del Papa Pablo VI en el Breve al Patriarca de Constantinopla
Atenágoras I».5
En la Encíclica Ut unum sint, el tema es desarrollado sobre
todo en el n. 56, que inicia así: «Después del Concilio Vaticano II y con
referencia a aquella tradición, se ha restablecido el uso de llamar Iglesias
hermanas a las Iglesias particulares o locales congregadas en torno a su Obispo.
La supresión, además, de las excomuniones recíprocas, quitando un doloroso
obstáculo de orden canónico y psicológico, ha sido un paso muy significativo en
el camino hacia la plena comunión». El número termina auspiciando: «El término
tradicional de Iglesias hermanas debería acompañarnos incesantemente en este
camino». El tema es retomado en el n. 60, en el cual se observa: «Más
recientemente, la Comisión mixta internacional ha dado un paso significativo en
la cuestión tan delicada del método a seguir en la búsqueda de la comunión
plena entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa, cuestión que ha alterado
con frecuencia las relaciones entre católicos y ortodoxos. La Comisión ha
puesto las bases doctrinales para una solución positiva del problema, que se
fundamenta en la doctrina de las Iglesias hermanas».6
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