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Como sería demasiado largo hablar aquí de todos los autores que hemos
consultado y cuyas luces y elocuencia nos han facilitado nuestro trabajo para
componer la vida de N. S. Jesucristo, mencionaremos solamente aquellos que más
han brillado en los fastos de la Iglesia.
San Clemente, papa, discípulo de los Apóstoles, y mártir (siglo Io.).
San Dionisio Areopagita, primer obispo de Atenas, convertido por San Pablo
(s. Io.)
San Ignacio, obispo de Antioquía, discípulo de San Juan Evangelista, y
mártir (s. I-II).
San Policarpo, obispo de Esmirna, discípulo de San Juan Evangelista, y
mártir (s. I-II).
San Clemente Alejandrino, sacerdote, célebre doctor y predicador elocuente
(s. II-III).
Tertuliano, sacerdote de Cartago, uno de los más ilustres escritores de la
Iglesia, y cuyas obras leía diariamente San Cipriano (s. II-III).
Orígenes, sacerdote, discípulo de San Clemente Alejandrino, doctor y célebre
predicador (s. III).
San Gregorio, obispo de Neocesarea, formado por Orígenes, y llamado el
Taumaturgo (s. III).
San Cipriano, obispo de Cartago, tan célebre por sus vitudes como por su
talento, mártir (s. III).
Lactancio, célebre escritor, formado por Arnobo, llamado el Cicerón
cristiano (s. IV).
San Hilario, obispo de Poitiers, doctor distinguido y generoso defensor de
la fe cristiana (s. IV).
San Atanasio, patriarca de Alejandría, llamado el Grande (s. IV).
San Basilio el Grande, obispo de Cesarea, hermano de San Gregorio de Nissa,
y amigo íntimo de San Gregorio Nacianceno (s. IV).
San Gregorio, obispo de Nissa, y hermano de San Basilio el Grande (s. IV).
San Gregorio Nacianceno, obispo de Constantinopla, llamado el Teólogo (s.
IV).
San Efren, diácono de Edesa, y predicador tan célebre, que el pueblo le
consideraba como un intérprete del espíritu de Dios (s. IV).
San Ambrosio, arzobispo de Milan, famoso doctor, y predicador de los más
elocuentes (s. IV).
San Astero, obispo de Amasea, de un talento elevado, y eminente predicador
(s. IV-V).
San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla, uno de los más elocuentes
predicadores que ha tenido la Iglesia (s. IV-V).
San Agustín, obispo de Hipona, uno de los genios más eminentes de la Iglesia
(s. IV-V).
San Epifanio, obispo de Salamina, padre y doctor de la Iglesia (s. IV-V).
San Jerónimo, sacerdote, doctor, y una de las más brillantes luces de la
Iglesia (s. IV-V).
San Máximo, obispo de Turín, célebre por su doctrina y su piedad cristiana
(s. V).
San Proclo, arzobispo de Constantinopla, uno de los hombres más doctos de su
tiempo (s. V).
Salviano, sacerdote de Marsella, llamado el Jeremías del siglo quinto (s.
V).
San León el Grande, papa, uno de los hombres más grandes de la Iglesia (s.
V).
San Gregorio el Grande, papa y doctor de la Iglesia (s. VI).
El Venerable Beda, sacerdote y fraile, llamado el doctor de los ingleses (s.
VII).
San Juan Damasceno, religioso de superior talento y confesor de Jesucristo
(s. VIII).
San Jorge, fraile y arzobispo de Nicomedia, predicador célebre (s. IX).
San Bruno, fundador de la orden de Cartujos, predicador muy docto y
elocuente (s. XI).
San Yvas, obispo de Chartres, teólogo muy entendido y predicador muy
elocuente (s. XI).
San Bernardo, primer abate de Clairvaux, el último padre de la Iglesia - San
Bernardo, apóstol, profeta, ángel terrestre por su doctrina, por sus
predicaciones, por sus milagros y por una vida más sorprendente aun que sus
mismos milagros. (Bossuet) (s. XI).
Eutimio Zigabeno, fraile griego muy erudito y predicador muy elocuente (s.
XII).
Santo Tomás de Aquino, de la orden de Dominicos, doctor de la Iglesia,
llamado el ángel de la Escuela (s. XIII).
San Lorenzo Justiniano, primer patriarca de Venecia, y predicador elocuente
(s. XV).
Santa Teresa de Jesús, modelo y admiración de los siglos como escritora y como
mujer; célebre e inmortal doctora, dechado de humildad, de amor y de virtud
cristiana, beatificada y canonizada por la Iglesia (s. XVI).
Fray Luis de Granada, predicador admirable y autor de muchas obras piadosas
de doctrina y elegancia incomparables (s. XVI).
El Maestro Alejo Venegas, uno de los hombres más doctos de su tiempo (s.
XVI).
El Venerable Maestro Juan de Avila, predicador famoso que mereció el
renombre de Apóstol de Andalucía y de Maestro por excelencia (s. XVI).
Fray Diego de Estella, predicador, consultor y teólogo del rey Felipe II.
Escribió varias obras en latín y en castellano (s. XVI).
Fray Pedro Malon de Chaide, uno de los más célebres teólogos y oradores de
su siglo (s. XVI).
Fray Luis de León, una de las más altas glorias de la literatura española,
ya se le considere como prosista, ya como poeta místico (s. XVI).
Bossuet, obispo de Meaux, el genio más superior de los tiempos modernos,
llamado el Aguila de Meaux (s. XVII).
Bourdaloue, jesuita, talento de primer orden y de una fecundidad inagotable,
profundo teólogo y predicador eminente (s. XVII).
Fenelón, ilustre arzobispo de Cambrai, genio admirado de toda la Europa (s.
XVII).
Massillón, obispo de Clermont, una de las primeras glorias del púlpito
francés (s. XVII-XVIII).
Duvoisin, obispo de Nantes, cuya elocuente pluma sirvió tanto a la Francia
después de los desastres del último siglo (s. XVIII-XIX).
De la Luzerne, cardenal, obispo de Langres, elocuente defensor de la
religión en estos últimos tiempos (s. XVIII-XIX).
De Boulogne, obispo de Troyes, genio elevado y de grande elocuencia (s.
XVIII-XIX).
De Chateaubriand, cuyo Genio del Cristianismo produjo en Francia una
impresión tan saludable después de las conmociones que acababan de agitarla (s.
XIX).
Las Conferencias eclesiásticas de la diócesis de Digne del año 1841 (s.
XIX).
Su Santidad Pío IX, hoy sucesor de San Pedro en la silla apostólica de Roma,
respetado del universo católico como un gran papa (s. XIX).
Giraud, cardenal, arzobispo de Cambrai (s. XIX).
Sibour, arzobispo de París, una de las luces más puras del episcopado
francés (s. XIX).
Como dejamos dicho, omitimos en esta lista muchos nombres célebres como San
Anfiloquio, Lecoz, Frayssinous, el R. P. Lacordaire, etc., etc.
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