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I INTRODUCCIÓN
1. El problema del aborto provocado y de su eventual liberalización
legal ha llegado a ser en casi todas partes tema de discusiones apasionadas.
Estos debates serían menos graves si no se tratase de la vida humana, valor
primordial que es necesario proteger y promover. Todo el mundo lo comprende,
por más que algunos buscan razones para servir a este objetivo, aun contra toda
evidencia, incluso por medio del mismo aborto. En efecto, no puede menos de
causar extrañeza el ver cómo crecen a la vez la protesta indiscriminada contra
la pena de muerte, contra toda forma de guerra, y la reivindicación de
liberalizar el aborto, bien sea enteramente, bien por "indicaciones"
cada vez más numerosas. La Iglesia tiene demasiada conciencia de que es propio
de su vocación defender al hombre contra todo aquello que podría deshacerlo o
rebajarlo, como para callarse en este tema: dado que el Hijo de Dios se ha
hecho hombre, no hay hombre que no sea su hermano en cuanto a la humanidad y
que no esté llamado a ser cristiano, a recibir de él la salvación.
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