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III TAMBIÉN A LA LUZ DE LA RAZÓN
8. El respeto a la vida humana no es algo que se impone a
los cristianos solamente; basta la razón para exigirlo, basándose en el
análisis de lo que es y debe ser una persona. Constituido por una naturaleza
racional, el hombre es un sujeto personal, capaz de reflexionar por sí mismo,
de decidir acerca de sus actos y, por tanto, de su propio destino. Es libre;
por consiguiente es dueño de sí mismo, o mejor, puesto que se realiza en el
tiempo, tiene capacidad para serlo, ésa es su tarea. Creada inmediatamente por
Dios, su alma es espiritual y, por ende, inmortal. Está abierto a Dios y
solamente en él encontrará su realización completa. Pero vive en la comunidad
de sus semejantes, se enriquece en la comunión interpersonal con ellos, dentro
del indispensable medio ambiente social. De cara a la sociedad y a los demás
hombres, cada persona humana se posee a sí misma, posee su vida, sus diversos
bienes, a manera de derecho; esto lo exige de todos, en relación con ella, la
estricta justicia.
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