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V LA MORAL Y EL DERECHO
19. En casi
todas partes la discusión moral va acampanada de graves debates jurídicos. No
hay país cuya legislación no prohíba y no castigue el homicidio. Muchos,
además, han precisado esta prohibición y sus penas en el caso especial del
aborto provocado. En nuestros días, un vasto movimiento de opinión reclama una
liberalización de esta ultima prohibición. Existe ya una tendencia bastante
generalizada a querer restringir lo más posible toda legislación represiva,
sobre todo cuando la misma parece entrar en la esfera de la vida privada. Se
repite además el argumento del pluralismo: si muchos ciudadanos, en particular
los fieles a la Iglesia católica, condenan el aborto, otros muchos lo juzgan
lícito, al menos a título de mal menor; ¿por qué imponerles el seguir una
opinión que no es la suya, sobre todo en países en los cuales sean mayoría? Por
otra parte, allí donde todavía existen, las leyes que condenan el aborto se
revelan difíciles de aplicar: el delito ha llegado a ser demasiado frecuente
como para que pueda ser siempre castigado y los poderes públicos encuentran a
menudo más prudente cerrar los ojos. Pero el mantener una ley que ya no se
aplica no se hace nunca sin detrimento para el prestigio de todas las demás. Añádase que el aborto clandestino expone a
las mujeres que se resignan a recurrir a él a los mas grandes peligros para su
fecundidad y también, con frecuencia, para su vida. Por tanto, aunque el
legislador siga considerando el aborto como un mal, ¿no puede proponerse
limitar sus estragos?
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