26. Pero esto no significa que uno pueda quedar
indiferente a estas penas y a estas miserias. Toda persona de corazón y
ciertamente todo cristiano, debe estar dispuesto a hacer lo posible para ponerles
remedio. Esta es la ley de la caridad, cuyo primer objetivo debe ser siempre
instaurar la justicia. No se puede jamás aprobar el aborto; pero por encima de
todo hay que combatir sus causas. Esto comporta una acción política, y ello
constituirá en particular el campo de la ley. Pero es necesario, al mismo
tiempo, actuar sobre las costumbres, trabajar a favor de todo lo que puede
ayudar a las familias, a las madres, a los niños. Ya se han logrado progresos
admirables por parte de la medicina al servicio de la vida; puede esperarse que
se harán mayores todavía, en conformidad con la vocación del médico, que no es
la de suprimir la vida, sino la de conservarla y favorecerla al máximo. Es de desear igualmente que se
desarrollen, dentro de las instituciones apropiadas o, en su defecto, en las
suscitadas por la generosidad y la caridad cristiana, toda clase de formas de
asistencia.
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