27. No se
trabajará con eficacia en el campo de las costumbres más que luchando
igualmente en el campo de las ideas. No se puede permitir que se
extienda, sin contradecirla, una manera de ver y, más aun, posiblemente de
pensar, que considera la fecundidad como una desgracia. Es verdad que no todas las formas de civilización son
igualmente favorables a las familias numerosas; estas encuentran obstáculos
mucho más graves en una civilización industrial y urbana. También la
Iglesia ha insistido en tiempos recientes sobre la idea de paternidad
responsable, ejercicio de una verdadera prudencia humana y cristiana. Esta
prudencia no sería auténtica si no llevase consigo la generosidad; debe ser
consciente de la grandeza de una tarea que es cooperación con el Creador para
la trasmisión de la vida que da a la comunidad humana nuevos miembros y a la
Iglesia, nuevos hijos. La Iglesia de Cristo tiene cuidado fundamental de
proteger y favorecer la vida. Ciertamente piensa ante todo en la vida que
Cristo vino a traer: "He venido para que los hombres tengan vida y la
tengan en abundancia" (Jn 10, 10). Pero la vida proviene de Dios en todos sus niveles, y la vida corporal es
para el hombre el comienzo indispensable. En esta vida terrena, el
pecado ha introducido, multiplicado, hecho más pesadas la pena y la muerte,
pero Jesucristo, tomando sobre si esta carga, las ha transformado: para quien
cree en él, el sufrimiento e incluso la muerte, se convierten en instrumentos
de resurrección. Por eso puede decir san Pablo: "Considero que los
sufrimientos del tiempo presente no guardan proporción con la gloria que se
debe manifestar en nosotros" (Rom 8, 18) y, si hacemos la
comparación, añadiremos con él: "nuestras tribulaciones, leves y
pasajeras, nos producen eterno caudal de gloria, de una medida que sobrepasa
toda medida" (2 Cor 4, 17).
El sumo pontífice Pablo VI, en la audiencia concedida al infrascrito
secretario de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el día 25 de
junio de 1974, ratificó, confirmó y mandó que se publicara la presente
declaración sobre el aborto provocado.
Dado en Roma, en la sede de la
Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el 18 de noviembre, dedicación
de las basílicas de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, en el año del Señor de
1974.
Cardenal Franjo SEPER
Prefecto
Jerôme HAMER
arzobispo titular de Lorium
Secretario.
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