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| Ioannes Paulus PP. II Novo Millennio IntraText CT - Texto |
35. El mayor empeño se ha de poner, pues, en la liturgia, « cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza ».19 En el siglo XX, especialmente a partir del Concilio, la comunidad cristiana ha ganado mucho en el modo de celebrar los Sacramentos y sobre todo la Eucaristía. Es preciso insistir en este sentido, dando un realce particular a la Eucaristía dominical y al domingo mismo, sentido como día especial de la fe, día del Señor resucitado y del don del Espíritu, verdadera Pascua de la semana. 20 Desde hace dos mil años, el tiempo cristiano está marcado por la memoria de aquel « primer día después del sábado » (Mc 16,2.9; Lc 24,1; Jn 20,1¿, en el que Cristo resucitado llevó a los Apóstoles el don de la paz y del Espíritu (cf. Jn 20,19-23). La verdad de la resurrección de Cristo es el dato originario sobre el que se apoya la fe cristiana (cf. 1 Co 15,14), acontecimiento que es el centro del misterio del tiempo y que prefigura el último día, cuando Cristo vuelva glorioso. No sabemos qué acontecimientos nos reservará el milenio que está comenzando, pero tenemos la certeza de que éste permanecerá firmemente en las manos de Cristo, el « Rey de Reyes y Señor de los Señores » (Ap 19,16) y precisamente celebrando su Pascua, no sólo una vez al año sino cada domingo, la Iglesia seguirá indicando a cada generación « lo que constituye el eje central de la historia, con el cual se relacionan el misterio del principio y del destino final del mundo ».21