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| Ioannes Paulus PP. II Novo Millennio IntraText CT - Texto |
5. La coincidencia de este Jubileo con la entrada en un nuevo milenio, ha favorecido ciertamente, sin ceder a fantasías milenaristas, la percepción del misterio de Cristo en el gran horizonte de la historia de la salvación. ¡El cristianismo es la religión que ha entrado en la historia! En efecto, es sobre el terreno de la historia donde Dios ha querido establecer con Israel una alianza y preparar así el nacimiento del Hijo del seno de María, « en la plenitud de los tiempos » (Ga 4,4). Contemplado en su misterio divino y humano, Cristo es el fundamento y el centro de la historia, de la cual es el sentido y la meta última. En efecto, es por medio él, Verbo e imagen del Padre, que « todo se hizo » (Jn 1,3; cf. Col 1,15). Su encarnación, culminada en el misterio pascual y en el don del Espíritu, es el eje del tiempo, la hora misteriosa en la cual el Reino de Dios se ha hecho cercano (cf. Mc 1,15), más aún, ha puesto sus raíces, como una semilla destinada a convertirse en un gran árbol (cf. Mc 4,30-32), en nuestra historia.
« Gloria a ti, Cristo Jesús, hoy y siempre tú reinarás ». Con este canto, tantas veces repetido, hemos contemplado en este año a Cristo como nos lo presenta el Apocalipsis: « El Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin » (Ap 22,13). Y contemplando a Cristo hemos adorado juntos al Padre y al Espíritu, la única e indivisible Trinidad, misterio inefable en el cual todo tiene su origen y su realización.