Ciudad del Vaticano 1993
Venerables
Hermanos en el Episcopado
Queridos
Sacerdotes,
Queridos
Catequistas.
En este
histórico período, que por múltiples razones se manifiesta
sumamente sensible y favorable al influjo del mensaje cristiano, la
Congregación para la Evangelización de los Pueblos ha querido
brindar una especial atención a algunas de las categorías de
personas que, en la actividad misionera, desempeñan un rol
imprescindible. Así, luego de considerar la materia concerniente a la
formación en los seminarios mayores (1986) y la temática relativa
a la vida y al ministerio de los sacerdotes (1989), nuestra
Congregación, en ocasión de su Asamblea Plenaria del mes de abril
de 1992, ha centrado su atención y su reflexión, en los
catequistas laicos.
En el largo
camino evangelizador que la Iglesia ha recorrido, los catequistas han tenido
siempre un papel de primera importancia. Aun hoy, como justamente afirma la
Encíclica Redemptoris Missio, ellos son también
"insustituibles evangelizadores". El mismo Santo Padre, dirigiendo su
Mensaje a nuestra citada Asamblea Plenaria, ha confirmado nuevamente la
singularidad del papel del catequista afirmando que: "Durante mis viajes
apostólicos he podido constatar personalmente que los catequistas
ofrecen, sobre todo en los territorios de misión, 'una singular e
insustituible contribución a la propagación de la fe y de la
Iglesia (AG 17)'".
También la
Congregación para la Evangelización de los Pueblos ha percibido y
percibe directa y claramente la indiscutible actualidad de los catequistas
laicos. Pues ellos, bajo la guía de los sacerdotes, siguen anunciando
con franqueza la "Buena Nueva" a sus hermanos no cristianos,
preparándolos luego a ingresar en la comunidad eclesial con el bautismo.
Mediante la instrucción religiosa, la preparación a los
sacramentos, la promoción de la oración y de las obras de
caridad, ayudan a los bautizados a crecer en el fervor de la vida cristiana.
Donde los sacerdotes son escasos, a ellos es encomendada la guía
pastoral de las pequeñas comunidades lejanas al centro. Y
también, sosteniendo duras pruebas y dolorosas privaciones, ellos son
frecuentemente llamados a testimoniar su propia fidelidad. La historia pasada y
reciente de la evangelización ratifican esta coherencia que, siendo tal,
no raramente los ha conducido a donar hasta la propia vida. (Verdaderamente los catequistas son un honor de la Iglesia misionera!
La presente
Guía para los catequistas, fruto de la última Plenaria de nuestra
Congregación, evidencia el interés del Dicasterio misionero en
favor de esta "benemérita escuadra" de apóstoles
laicos. Ella contiene un material vasto y ordenado que toca variados aspectos
de particular importancia, como son: la identidad del catequista, su
selección, su formación y espiritualidad, algunas de sus
fundamentales tareas apostólicas y hasta su situación
económica.
Con grande
esperanza encomiendo esta Guía a los Obispos, a los Sacerdotes y a los
mismos catequistas, invitando a todos a tomarla seriamente en examen y a
esforzarse por actuar las directivas contenidas en ella. A los Centros y a las
Escuelas para los catequistas, les pido, en particular, que se esmeren por
inserir y hacer específica y práctica referencia de este
documento en sus programas de formación y de enseñanza, los
cuales, por lo que toca a los contenidos, cuentan ya con el Catecismo de la
Iglesia Católica, y que fue publicado sucesivamente a la
celebración de la Asamblea Plenaria.
La
utilización atenta y fiel de la Guía para los catequistas en
todas las Iglesias que dependen de nuestro Dicasterio misionero, además
de promover en modo renovado la figura del catequista, contribuirá
ciertamente a garantizar un unitario crecimiento en tan vital sector para el
futuro de la misión en el mundo.
Es este el
auspicio sincero que, con la oración, encomiendo a María
"Madre y Modelo de los catequistas", a quien pido los haga ser, cada
vez más y siempre, patente y consolante realidad en todas las
jóvenes Iglesias.
El Santo Padre,
al tomar conocimiento de este empeño asumido por nuestro Dicasterio y
visto el texto de la "Guía", ha manifestado su vivo aprecio y
aliento por la iniciativa, impartiendo de corazón a todos, con particular
miramiento a los catequistas, la reconfortante bendición
apostólica.
Roma, Fiesta de
San Francisco Javier, 3 de Diciembre de 1993
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