36.
Atención por parte de los formadores. La preparación de los
catequistas está confiada, generalmente, a personas calificadas tanto en
los centros como en las parroquias. Estos formadores tienen una función
de gran responsabilidad y dan una aportación preciosa a la Iglesia. Sean
pues conscientes de su vocación y del valor de su tarea.
Cuando una
persona acepta el mandato de formar catequistas, ha de considerarse como la
expresión concreta de la solicitud de los Pastores y ha de seguir
fielmente sus directivas. Además, ha de saber vivir la dimensión
eclesial del mandato, realizándolo con espíritu comunitario y
siguiendo la planificación de conjunto.
Como ya hemos
dicho, el formador de catequistas deberá estar dotado de cualidades
espirituales, morales y pedagógicas, especialmente se quiere de
él que pueda educar sobre todo con su propio testimonio. Ha de seguir de
cerca a los catequistas, trasmitiéndoles fervor y entusiasmo.
Todas las
diócesis deberán hacer lo posible por tener un grupo de
formadores de catequistas, compuesto en lo posible de sacerdotes, religiosos
religiosas y laicos, que se puedan enviar a las parroquias a preparar a los
aspirantes, en comunidad e individualmente.
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