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INTRODUCCION
1.
Ministerio necesario. La Congregación para la Evangelización de
los Pueblos (CEP) ha demostrado siempre una atención especial por los
catequistas, convencida de que ellos constituyen - bajo la guía de los
Pastores - una fuerza de primer orden para la evangelización.
Después de haber publicado en el mes de abril de 1970, algunas
directrices de orden práctico sobre los catequistas, consciente de su
responsabilidad y teniendo en cuenta los profundos cambios ocurridos en el
campo misionero, la CEP se propone llamar nuevamente la atención sobre
la situación actual, los problemas y las perspectivas de
promoción de esa benemérita legión de
apóstoles. La CEP se siente reconfortada al respecto por las numerosas y
urgentes intervenciones del Santo Padre Juan Pablo II, que, en sus viajes
apóstolicos, aprovecha toda oportunidad para subrayar la actualidad y la
importancia de la obra de los catequistas, como "fundamental servicio
evangélico".
Se trata de un
objetivo exigente y comprometedor. Pero teniendo en cuenta que los catequistas,
desde los primeros siglos del Cristianismo y en todas las épocas de
renovado impulso misionero, han dado siempre, y siguen prestando
todavía, "una ayuda singular y enteramente necesaria para la
expansión de la fe y de la Iglesia", ese objetivo llega a ser
también prometedor e irrenunciable.
Animada por
estas constataciones, y después de haber examinado en la Asamblea
Plenaria del 27-30 abril 1992 todas las informaciones y sugerencias recibidas
como resultado de una amplia consulta realizada entre los Obispos y los centros
de catequesis de los territorios de misión, la CEP ha preparado una Guía
para los catequistas en la que se tratan de manera sistemática y
existencial, los aspectos principales de la vocación, la identidad, la
espiritualidad, la elección, la formación, las tareas misioneras
y pastorales, la remuneración y la responsabilidad del pueblo de Dios
hacia los catequistas, en la situación actual y en perspectiva al
futuro.
Se proponen, en
cada tema, tanto el ideal que se quiere alcanzar, como los elementos
indispensables y realísticos para que un catequista pueda definirse como
tal.
Las directrices
se expresan, de propósito, en forma general, para que sean aplicables a
todos los catequistas de las jóvenes Iglesias. Es tarea de los Pastores
competentes especificarlas, en base a las necesidades y de las posibilidades
locales.
Los
destinatarios de esta Guía son, ante todo, los catequistas, pero
también los relacionados con ellos, es decir los Obispos, los
sacerdotes, los religiosos, los formadores y los fieles, ya que existe una
profunda conexión entre los distintos componentes de la comunidad
eclesial.
Antes de la
publicación de esta Guía, el Santo Padre Juan Pablo II ha
aprobado el Catecismo de la Iglesia Católica, y ordenó su
publicación. No hace falta encarecer la importancia extraordinaria para
la Iglesia y para todo hombre de buena voluntad, de esta rica y
sintética "exposición de la fe de la Iglesia y de la
doctrina católica, atestiguadas o iluminadas para la Sagrada Escritura,
por la Tradición Apostólica y el Magisterio". Es
evidente que el nuevo Catecismo, aunque sea un documento diferente por
finalidades y contenidos, proporciona nueva luz a distintos puntos de la Guía
y, sobre todo es un seguro y competente punto de referencia para la
formación y la actividad de los catequistas. En la redacción
final del texto, en particular en las notas, se han indicado las principales
conexiones con los temas expuestos en el Catecismo.
Lo que se busca
es que esta Guía pueda ser un punto de referencia, de unidad y de
estímulo para los catequistas y, a través de su acción,
también para las comunidades eclesiales. La CEP, por tanto, la
confía a las Conferencias Episcopales y a cada uno de los Ordinarios,
como ayuda para la vida y el apostolado de los catequistas, y como base para la
renovación de los Directorios nacionales y diocesanos que les
conciernen.
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