5.
Perspectivas de desarrollo en un futuro próximo.
La tendencia
general que la CEP asume y anima es la de mantener y promover la figura del
catequista cono tal, independientemente de las tareas que
desesempeña. El valor del catequista, y su eficacia apostólica,
son siempre decisivos para la misión de la Iglesia.
La CEP, basada
en su experiencia de alcance universal, presenta algunas pistas para promover e
iluminar una reflexión en este sentido:
- se ha de
dar preferencia absoluta a la calidad. El problema común, reconocido
como tal parece ser la escasez de individuos con una preparación
adecuada. El objetivo inmediato y prioritario para todos ha de ser, por tanto,
la persona del catequista. Esto tendrá consecuencias prácticas en
los criterios de elección, en el proceso de formación, en el
cuidado y atención al catequista. Las palabras del Santo Padre son muy
claras: "Para un servicio evangélico tan fundamental se
necesitan numerosos operarios. Pero, sin descuidar el número, hay que
procurar con todo empeño sobretodo la calidad del catequista" .
- Teniendo en
cuenta el nuevo impulso dado a la misión ad gentes, el
futuro del catequista en las Iglesias jóvenes se caracterizará,
ciertamente, por el celo misionero. El catequista, por lo tanto, se
deberá calificar cada vez más como apóstol laico de
frontera. En el futuro deberá seguir distinguiéndose, como en el
pasado, por su eficacia insustituible en la actividad misionera ad gentes.
- No basta
establecer un objetivo; es preciso elegir los medios adecuados para
alcanzarlo. Eso vale también para la cualificación del
catequista. Se trata de establecer programas concretos, procurarse adecuadas
estructuras y medios económicos, y encontrar formadores preparados para
garantizar al catequista la mayor idoneidad posible. Desde luego, la
importancia de los medios y el grado de cualificación varían
según las posibilidades reales de cada Iglesia, pero todos deben lograr
un objetivo mínimo, sin ceder ante las dificultades.
- Reforzar los núcleos de
responsables. Se prevé que en todas partes serán necesarios
almenos algunos catequistas profesionales, preparados en centros
específicos que, bajo la dirección de los Pastores y en puestos
claves de la organización catequística, deberán cuidar la
preparación de las nuevas fuerzas, introducirlas y guiarlas en el
desempeño de sus funciones. Deberán estar situados en los distintos
planos: parroquial, diocesano y nacional, y han de garantizar el buen
funcionamiento de ese sector tan importante para la vida de la Iglesia.
- Además
de estas líneas de renovación para el porvenir de los
catequistas, la CEP constata que, con toda probabilidad, pues se vislumbran los
síntomas, en un futuro próximo cobrarán fuerza algunas categorías.
Habrá que identificar quiénes serán protagonistas del
mañana.
En este
contexto, será necesario impulsar especialmente a los catequistas que tienen
un marcado espíritu misionero, para que "se hagan ellos
mismos animadores misioneros de sus respectivas comunidades eclesiales y
estén dispuestos, si el Espíritu les llama interiormente y los
Pastores les envían, a salir de su propio territorio para anunciar el
Evangelio, preparar los catecumenos al Bautismo y construir nuevas comunidades
eclesiales".
Se
prevé, asimismo, un futuro cada vez más importante para los
Catequistas dedicados directamente a la catequesis, porque las Iglesias
jóvenes se desarrollan, multiplicando los servicios apostólicos
laicales distintos del catequista. Se requerirán por tanto, catequistas especializados.
Entre éstos hay que destacar los que trabajan por la renovación
cristiana en las comunidades de mayoría de bautizados, pero de escasa
instrucción religiosa y vida de fe. Están surgiendo otros tipos
de catequistas, que hay que tener en cuenta porque deberán responder a
retos ya en parte actuales, como la urbanización, la creciente
escolaridad con particular referencia al ambito universitario y, más en
general, a los jóvenes, y también las migraciones con el
fenómeno de los refugiados, el avance de la secularización, los
cambios políticos, la cultura de masa favorecida por los mass-media,
etc.
La CEP
señala el alcance de estas perspectivas y la necesidad de no eludirlas,
puesto que las opciones concretas, y su actuación gradual corresponden a
los Pastores locales. Las Conferencias Episcopales y cada uno de los Obispos
deberán elaborar un programa de promoción del catequista para el
futuro, teniendo en cuenta estas pistas preferenciales que valen para todos, y
dedicando especial atención a la dimensión misionera, tanto en la
formación como en la actividad del catequista. Estos programas, que no
deben ser genéricos sino circunstanciados, deberán responder al
contexto local, de manera que cada Iglesia tenga los catequistas que necesita
ahora, y forme y prepare a los catequistas que prevé que
responderán mejor a sus necesidades futuras.
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