15.
Diálogo con los hermanos de otras religiones. El diálogo
inter-religioso es una parte de la misión evangelizadora de la Iglesia.
El anuncio y el diálogo se orientan efectivamente hacia la
comunicación de la verdad salvífica. El diálogo es una
actividad indispensable en las relaciones entre la Iglesia católica y
las otras religiones y merece seria atención. Se trata de un diálogo
de la salvación, que se realiza en Cristo.
También
los catequistas, cuya tarea primordial en las misiones es el anuncio, deben
estar abiertos, preparados y comprometidos en ese tipo de diálogo. Se
les ha de ayudar, pues, a llevarlo a cabo, teniendo en cuenta las indicaciones
del Magisterio, especialmente las de la Redemptoris Missio, del
documento conjunto Diálogo y Anuncio, del Pontificio Consejo para
el Diálogo Inter-religioso y de la C.E.P., y del Catecismo de la
Iglesia Católica, que implican:
- Escucha
del Espirítu, que sopla donde quiere (cf Jn 3,8), respetando
lo que El ha operado en el hombre, para alcanzar la purificación
interior, sin la cual el diálogo no reporta frutos de salvación.
- El correcto
conocimiento de las religiones presentes en el territorio: su historia y
organización; los valores que, como "semillas del Verbo",
pueden ser una "preparación al Evangelio", los
límites y errores que se oponen a la verdad evangélica y que se
deben, respectivamente, completar y corregir.
- La convicción
de fe que la salvación procede de Cristo y que, por consiguiente, el
diálogo no dispensa del anuncio; que la Iglesia es el camino ordinario
de la salvación y sólo ella posee la plenitud de la verdad
revelada y de los medios salvíficos. No es posible, como ha reafirmado
S.S. Juan Pablo II haciendo referencia a la Redemptoris Missio: "poner
en un mismo nivel la revelación de Dios en Cristo y las escrituras o
tradiciones de otras religiones. Un teocentrismo que no reconociera a Cristo en
su plena identidad sería inaceptable para la fe católica. (...)
El mandato misionero de Cristo, perennemente válido, es una
invitación explícita a hacer discípulos a todas la gentes
y a bautizarlas para que se abra para ellas la plenitud del don de Dios".
El diálogo no debe, pues, conducir al relativismo religioso.
- La colaboración
práctica con los organismos religiosos no cristianos para resolver
los grandes retos que se plantean a la humanidad, como la paz, la justicia, el
desarrollo, etc.. Además, se requiere una actitud de aprecio y acogida a
las personas. La caridad del Padre común es la que debe unir a la
familia de los hombres en toda obra de bien.
En la
realización de un diálogo tan importante, no hay que dejar solo
al catequista, este, a su vez, se ha de mantener integrado en la comunidad.
Toda iniciativa de diálogo inter-religioso se debe llevar a cabo
partiendo de los programas aprobados por el Obispo y cuando es preciso por la
Conferencia Episcopal o por la Santa Sede, y ningún catequista ha de
actuar por su cuenta, ni mucho menos contra las directivas comunes.
En fin, hay que
tener fe en el diálogo, el camino para realizarlo es difícil e
incomprendido. El diálogo es a veces el único modo de dar
testimonio de Cristo, y es siempre un camino hacia el Reino que no
dejará de dar sus frutos, aunque el tiempo y momento están
reservados al Padre (cf. Hch 1,8).
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