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Medios y estructuras de la formación. Entre los medios de
formación, se destacan los centros o escuelas para catequistas.
Es significativo que los documentos de la Iglesia, desde el Ad Gentes
hasta la Redemptoris Missio, insistan en la importancia de "favorecer
la creación y el incremento de las escuelas (o centros) para catequistas
que, aprobados por las Conferencias Episcopales, otorguen títulos
oficialmente reconocidos por éstas últimas".
Cuando se hace
referencia a los centros para catequistas, se habla de realidades muy
diferentes: desde organismos desarrollados, que pueden albergar por largo
tiempo a los candidatos con un programa de formación orgánico,
hasta estructuras esenciales para pequeños grupos o cursos breves, o
incluso sólo para encuentros de un día.
En su mayoría,
los centros son diocesanos o interdiocesanos; algunos son nacionales
continentales, o internacionales. Estos distintos tipos de centros se
complementan mutuamente y deben promoverse todos ellos.
Existen elementos
comunes a estos centros, como el programa de formación que hace del
centro un lugar de crecimiento en la fe; la posibilidad de residir en
él; la enseñanza escolar alternada con experiencias pastorales y,
sobre todo, la presencia de un grupo de formadores. Existen también elementos
propios que distinguen a unos centros de otros. Entre éstos: el
nivel mínimo que se requiere de preparación escolar,
proporcionado al nivel nacional; las condiciones para aceptar a los candidatos;
la duración del curso y de la residencia; las características de
los candidatos mismos: sólo hombres o sólo mujeres, o ambos;
jóvenes o adultos; casados, solteros o parejas; distintas sensibilidades
y énfasis en los contenidos y métodos de formación, que se
adaptan a la realidad local; formación específica, o no, para las
esposas de los catequistas; entrega o no, de un diploma.
Es importante
que exista una cierta conexión entre los centros, sobre todo a nivel
nacional, bajo la responsabilidad de la Conferencia Episcopal. Esa
conexión se favorece con encuentros regulares entre todos los formadores
de los distintos centros y por el intercambio de material didáctico. De
este modo, se procura la unidad de la formación y se potencian los
centros con el enriquecimiento participado de la experiencia de los demás.
La importancia
de los centros no se limita a la actividad formativa que se refiere a las
personas. Pueden llegar a ser verdaderos núcleos de reflexión
sobre temas importantes de carácter apostólico como: los
contenidos de la catequesis, la inculturación, el diálogo interreligioso,
los métodos pastorales, etc... y servir de apoyo a los Pastores en sus
responsabilidades.
Además
de los centros o escuelas, hemos de mencionar los cursos y los encuentros,
de distinta duración y composición, organizados por las
diócesis y parroquias, especialmente aquellos en los que participan el
Obispo o los párrocos. Son medios de formación muy eficaces y, en
ciertas zonas y situaciones, constituyen el único medio para
proporcionar una buena formación. Estos cursos no se oponen a los
programas de los centros, sirven más bien para prolongar su influencia
o, como sucede a menudo, para compensar la falta de centros.
Tanto para la
actividad de los centros como para la de los cursos, son indispensables los
instrumentos didácticos: libros, audiovisuales y todo el material que
sirve para preparar bien a un catequista. Corresponde a los Pastores
responsables procurar que los centros estén provistos del material
necesario, de acuerdo con su importancia. Es encomiable la costumbre de
intercambiarse los medios didácticos entre un centro y otro, entre una y
otra diócesis. A veces se trata de intercambios útiles entre
naciones limítrofes y homogéneas por su situación
socio-religiosa.
La CEP insiste
en que no basta proponerse objetivos elevados de formación, sino que es
preciso escoger y utilizar los medios eficaces. Por tanto, además de
insistir en que se dé prioridad absoluta a los formadores, que hay que
preparar bien y sostenerlos, la CEP pide que se potencien los centros en todas
partes. También, para esto, se requiere un sano realismo, para evitar un
discurso sólo teórico. El objetivo que se quiere alcanzar es
lograr que todas la diócesis puedan formar un cierto número de
catequistas propios, por lo menos los cuadros, en un centro.
Además, fomentar las iniciativas locales, en particular los encuentros
programados y guiados, porque son indispensables para la formación
inicial de los que no han podido frecuentar el centro y para la
formación permanente de todos.
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