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Congregación para la Evangelización de los Pueblos
Guia para los Catequistas

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  • SEGUNDA PARTE ELECCION Y FORMACION DEL CATEQUISTA
    • V - CAMINO DE FORMACION
      • 30
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30. Medios y estructuras de la formación. Entre los medios de formación, se destacan los centros o escuelas para catequistas. Es significativo que los documentos de la Iglesia, desde el Ad Gentes hasta la Redemptoris Missio, insistan en la importancia de "favorecer la creación y el incremento de las escuelas (o centros) para catequistas que, aprobados por las Conferencias Episcopales, otorguen títulos oficialmente reconocidos por éstas últimas".

Cuando se hace referencia a los centros para catequistas, se habla de realidades muy diferentes: desde organismos desarrollados, que pueden albergar por largo tiempo a los candidatos con un programa de formación orgánico, hasta estructuras esenciales para pequeños grupos o cursos breves, o incluso sólo para encuentros de un día.

En su mayoría, los centros son diocesanos o interdiocesanos; algunos son nacionales continentales, o internacionales. Estos distintos tipos de centros se complementan mutuamente y deben promoverse todos ellos.

Existen elementos comunes a estos centros, como el programa de formación que hace del centro un lugar de crecimiento en la fe; la posibilidad de residir en él; la enseñanza escolar alternada con experiencias pastorales y, sobre todo, la presencia de un grupo de formadores. Existen también elementos propios que distinguen a unos centros de otros. Entre éstos: el nivel mínimo que se requiere de preparación escolar, proporcionado al nivel nacional; las condiciones para aceptar a los candidatos; la duración del curso y de la residencia; las características de los candidatos mismos: sólo hombres o sólo mujeres, o ambos; jóvenes o adultos; casados, solteros o parejas; distintas sensibilidades y énfasis en los contenidos y métodos de formación, que se adaptan a la realidad local; formación específica, o no, para las esposas de los catequistas; entrega o no, de un diploma.

Es importante que exista una cierta conexión entre los centros, sobre todo a nivel nacional, bajo la responsabilidad de la Conferencia Episcopal. Esa conexión se favorece con encuentros regulares entre todos los formadores de los distintos centros y por el intercambio de material didáctico. De este modo, se procura la unidad de la formación y se potencian los centros con el enriquecimiento participado de la experiencia de los demás.

La importancia de los centros no se limita a la actividad formativa que se refiere a las personas. Pueden llegar a ser verdaderos núcleos de reflexión sobre temas importantes de carácter apostólico como: los contenidos de la catequesis, la inculturación, el diálogo interreligioso, los métodos pastorales, etc... y servir de apoyo a los Pastores en sus responsabilidades.

Además de los centros o escuelas, hemos de mencionar los cursos y los encuentros, de distinta duración y composición, organizados por las diócesis y parroquias, especialmente aquellos en los que participan el Obispo o los párrocos. Son medios de formación muy eficaces y, en ciertas zonas y situaciones, constituyen el único medio para proporcionar una buena formación. Estos cursos no se oponen a los programas de los centros, sirven más bien para prolongar su influencia o, como sucede a menudo, para compensar la falta de centros.

Tanto para la actividad de los centros como para la de los cursos, son indispensables los instrumentos didácticos: libros, audiovisuales y todo el material que sirve para preparar bien a un catequista. Corresponde a los Pastores responsables procurar que los centros estén provistos del material necesario, de acuerdo con su importancia. Es encomiable la costumbre de intercambiarse los medios didácticos entre un centro y otro, entre una y otra diócesis. A veces se trata de intercambios útiles entre naciones limítrofes y homogéneas por su situación socio-religiosa.

La CEP insiste en que no basta proponerse objetivos elevados de formación, sino que es preciso escoger y utilizar los medios eficaces. Por tanto, además de insistir en que se prioridad absoluta a los formadores, que hay que preparar bien y sostenerlos, la CEP pide que se potencien los centros en todas partes. También, para esto, se requiere un sano realismo, para evitar un discurso sólo teórico. El objetivo que se quiere alcanzar es lograr que todas la diócesis puedan formar un cierto número de catequistas propios, por lo menos los cuadros, en un centro. Además, fomentar las iniciativas locales, en particular los encuentros programados y guiados, porque son indispensables para la formación inicial de los que no han podido frecuentar el centro y para la formación permanente de todos.

 




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