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| Congregación para la Evangelización de los Pueblos Guia para los Catequistas IntraText CT - Texto |
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10. Espíritu mariano. Por una vocación singular, María vio al Hijo de Dios "crecer en sabiduría, edad y gracia" (Lc 2,52). Ella fue la Maestra que lo "formó en el conocimiento humano de las Escrituras y de la historia del designio de Dios sobre su Pueblo en la adoración al Padre". Ella fue, asimismo, "la primera de sus discípulos". Como lo afirmó audazmente S. Agustín, el hecho de ser discípula fue para María más importante que ser madre. Se puede decir, con razón y alegría, que María es un "catecismo viviente", "madre y modelo del catequista". La espiritualidad del catequista, como la de todo cristiano y, especialmente, la de todo apóstol, debe estar enriquecida por un profundo espíritu mariano. Antes de explicar a los demás la figura de María en el misterio de Cristo y de la Iglesia, el catequista debe vivir su presencia en lo más íntimo de sí mismo y manifestar, con la comunidad, una sincera piedad mariana. Ha de encontrar en María un modelo sencillo y eficaz que debe realizar en sí mismo y poder proponer: "La Virgen fue en su vida un ejemplo del amor maternal con que debe animar a todos aquellos que, en la misión apostólica de la Iglesia, cooperan a la regeneración de los hombres". El anuncio de la Palabra está siempre relacionado con la oración, la celebración eucarística y la construcción de la comunión fraterna. La comunidad primitiva vivió esa rica realidad (Hch 2-4) con María, la Madre de Jesús (cf. Hch 1,14).
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