6. La narración tradicional de los hechos
vinculados a la conversión de los armenios nos ofrece un motivo
más de reflexión. En san Gregorio el Iluminador y en las santas
vírgenes resplandece la gran fuerza de la fe, que impulsa a no ceder
ante las tentaciones del poder y del mundo, y capacita para resistir a los
sufrimientos más atroces así como a las lisonjas más
seductoras. En el rey Tirídates se pueden ver las consecuencias que
provoca el alejamiento de Dios: el hombre pierde su dignidad,
embruteciéndose, de forma que queda prisionero de sus propios instintos.
De todo el relato se desprende una verdad importante: no existe una
sacralidad absoluta del poder, y de ninguna manera se puede admitir que quede
justificado todo lo que hace. Al contrario, se debe reconocer la
responsabilidad personal de las propias opciones: si estas son
equivocadas, permanecen tales, aunque sea un rey quien las realice. La
humanidad se reconstituye en su integridad cuando la fe desenmascara el pecado
y el inicuo se convierte y vuelve a encontrar a Dios y su justicia.
En los edificios cristianos, construidos en el lugar donde se rendía
culto a los ídolos, se refleja la verdadera identidad del
cristianismo: recoge lo que hay de naturalmente válido en el
sentido religioso de la humanidad y, al mismo tiempo, sabe proponer la novedad
de una fe que no admite componendas. De ese modo, edificando el pueblo santo de
Dios, contribuye también a suscitar una nueva civilización en la
que se subliman los valores más auténticos del hombre.