8. Un pensamiento particular quiero dedicar,
también, a cuantos están comprometidos para que Armenia resurja
del sufrimiento de tantos años de régimen totalitario. El pueblo
espera signos concretos de esperanza y solidaridad, y estoy seguro de que el recuerdo
agradecido de sus orígenes cristianos es para todo armenio motivo de
consuelo y de estímulo. Ojalá que la memoria viva de los
prodigios realizados por Dios entre vosotros, amadísimos fieles
armenios, os ayude a redescubrir en plenitud la dignidad del hombre, de todo
hombre, de cualquier condición, y os impulse a apoyar en bases
espirituales y morales la reconstrucción del país.
Formulo fervientes votos para que los fieles prosigan con valentía su
compromiso y sus ya notables esfuerzos, de forma que en la Armenia del futuro
vuelvan a florecer los valores humanos y cristianos de la justicia, la
solidaridad, la igualdad, el respeto, la honradez, la hospitalidad, que
están en la base de la convivencia humana. Si eso sucede, el
jubileo del pueblo armenio habrá producido plenamente su fruto.
Estoy seguro de que la celebración del XVII centenario del bautismo de
vuestra amada nación será un momento significativo y singular
para continuar con empeño el camino del diálogo ecuménico.
Las ya cordiales relaciones entre la Iglesia apostólica armenia y la
Iglesia católica han recibido, en los últimos decenios, un
decisivo impulso también gracias a los encuentros de las más
altas autoridades de esa Iglesia con el Papa. No podemos olvidar, en este
contexto, las memorables visitas al Obispo y a la comunidad cristiana de Roma
que realizó Su Santidad Vazken I en 1970, el inolvidable Karekin
I en 1996 y 1999, y la reciente de Karekin II. Además, la
entrega a Su Santidad Karekin II, en presencia del patriarca
armenio-católico, de la reliquia del padre de la Armenia cristiana, que
yo mismo tuve la alegría de realizar recientemente para la nueva
catedral de Erevan, constituye una confirmación ulterior del
profundo vínculo que une a la Iglesia de Roma con todos los hijos de san
Gregorio el Iluminador.
Es un camino que debe continuar con confianza y valentía, para que todos
seamos cada vez más fieles al mandato de Cristo: ut unum sint!
Desde esta perspectiva, la Iglesia armenio-católica debe dar su decisiva
contribución "con la oración, con el ejemplo de vida, con la
escrupulosa fidelidad a las tradiciones orientales, con un mejor conocimiento
mutuo, con la colaboración y estima fraterna de las cosas y de los
espíritus"(8).
Con los armenios y para los armenios presidiré dentro de pocos
días una solemne eucaristía de alabanza para dar gracias a Dios
por el don de la fe que han recibido, orando para que el Señor
"congregue en la unidad a todos los pueblos en su santa Iglesia,
construida sobre el cimiento de los Apóstoles y de los Profetas, y la
conserve inmaculada hasta el día de su regreso"(9). En esa
celebración estarán presentes en la única mesa del Pan de
vida los hermanos y hermanas que ya viven en comunión plena con la Sede
de Pedro y de ese modo enriquecen a la Iglesia católica con su aportación
insustituible. Pero tengo un vivo deseo de que ese sagrado rito de
acción de gracias abrace idealmente a todos los armenios, dondequiera
que se encuentren, para expresar con una única voz la gratitud de cada
uno a Dios por el don de la fe, en el beso santo de la paz.
8. Decreto Orientalium Ecclesiarum del concilio Vaticano
II sobre las Iglesia orientales, 24.
9. Antiguo "Cántico para todas las fiestas de santa
María Virgen", en Laudes et hymni ad SS. Mariae Virginis honorem
ex Armeniorum Breviaro excerpta, Venecia 1877, XVII, 118.