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| Ioannes Paulus PP. II Carta sobre Peregrinación: texto, concordancias y listas de frecuencia completes IntraText CT - Texto |
8. Entre los lugares de Jerusalén a los que están más unidos los acontecimientos terrenos de Cristo, es casi obligada la visita al Cenáculo, donde Jesús instituyó la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida de la Iglesia. Aquí, según la tradición, estaban reunidos en oración los Apóstoles, junto con María, madre de Cristo, cuando el día de Pentecostés recibieron el Espíritu Santo. Entonces comenzó la última etapa en el camino de la historia de la salvación, el tiempo de la Iglesia, cuerpo y esposa de Cristo, pueblo peregrino en el tiempo, llamada a ser signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano (cf. Lumen gentium, 1).
La visita al Cenáculo quiere ser, pues, una vuelta a las fuentes mismas de la Iglesia. El Sucesor de Pedro, que vive en Roma, el lugar donde el Príncipe de los Apóstoles afrontó el martirio, ha de volver constantemente al lugar en el que Pedro, el día de Pentecostés, comenzó a proclamar en voz alta, con la fuerza embriagadora del Espíritu, la « buena noticia » de que Jesucristo es el Señor (cf. Hch 2, 36).