6. La comunión estimula a la Iglesia a ser solidaria
con la humanidad, especialmente en el actual contexto de la globalización,
con la multitud creciente de pobres, de personas que sufren, de hombres y
mujeres a quienes se pisotea en sus sagrados derechos a la vida, a la salud, al
trabajo, a la cultura, a la participación social y a la libertad religiosa.
A los pueblos que sufren a causa de
tensiones y guerras les renovamos nuestro compromiso de trabajar por la
justicia, la solidaridad y la paz. Pensamos particularmente en África, donde
numerosas poblaciones se hallan probadas por conflictos étnicos, por una
pobreza persistente o por graves enfermedades. A África vaya la
solidaridad de toda la Iglesia.
Juntamente con el Santo Padre, dirigimos un apremiante llamamiento a todos los
cristianos para que intensifiquen su oración por la paz en Tierra Santa y
pedimos a los responsables de las naciones que ayuden a israelíes y palestinos
a convivir pacíficamente. En la tierra de Jesús la situación se ha agravado
recientemente y ya se ha derramado demasiada sangre. En unión con el Santo
Padre, suplicamos a las partes implicadas que lleguen cuanto antes a un
"cese el fuego" y reanuden el diálogo en un plano de igualdad y
respeto mutuo.
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