Venerables hermanos y amados hijos:
Salud y bendición apostólica. Alegraos siempre en el
Señor, porque El está cerca de cuantos lo invocan de veras.
En diversas ocasiones a lo largo
de este Anos Santo, hemos exhortado al Pueblo de Dios a corresponder con gozosa
solicitud a la gracia del Jubileo. Nuestra invitación es esencialmente,
como bien sabéis, una llamada a la renovación interior y a la
reconciliación en Cristo. Se trata de la salvación de los hombres
y de su felicidad en todo su pleno sentido. En el momento en que los cristianos
se disponen a celebrar, en el mundo entero, la venida del Espíritu
Santo, os invitamos a pedirle el don de la alegría.
Ciertamente el ministerio de la
reconciliación se ejerce, incluso para Nos mismo, en medio de frecuentes
contradicciones y dificultades, pero él está alimentado y va
acompañado por la alegría del Espíritu Santo. De la misma
manera podemos justamente apropiarnos, aplicándola a toda la Iglesia, la
confidencia hecha por el Apóstol San Pablo a su comunidad de Corinto:
"ya antes os he dicho cuán dentro de nuestro corazón
estáis para vid ay para muerte. Tengo mucha confianza en vosotros...
estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones".
Sí, constituye también para nos una exigencia de amor, invitaros
a participar en esta alegría sobreabundante que es un don del Espíritu
Santo.
Nos hemos sentido como una
impelente necesidad interior dirigiros durante este Ano de gracia, y más
concretamente en ocasión de la solemnidad de Pentecostés, una
Exhortación apostólica cuyo tema fuera precisamente la
alegría cristiana, la alegría en el Espíritu Santo. Es una
especia de himno a la alegría divina el que Nos querríamos
entonar, para que encuentre eco en el mundo entero y ante todo en la Iglesia:
que la alegría se difunda en los corazones juntamente con el amor del
que ella brota, por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado.
Deseamos asimismo que vuestra voz se una a la nuestra para consuelo espiritual
de la Iglesia de Dios y de todos los hombres que quieran prestar
atención en lo íntimo de sus corazones, a esta
celebración.
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