- II - Familia fundada en el matrimonio y uniones de hecho
- Las uniones de hecho y el pacto conyugal
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(13) Como cualquier otro problema humano, también el de las uniones de
hecho debe ser abordado desde una perspectiva racional, más
precisamente, desde la «recta razón»14. Con esta
expresión de la ética clásica se subraya que la lectura de
la realidad y el juicio de la razón deben ser objetivos, libres de
condicionamientos tales como la emotividad desordenada, o la debilidad en la
consideración de situaciones penosas que inclinan a una superficial
compasión, o eventuales prejuicios ideológicos, presiones
sociales o culturales, condicionamientos de los grupos de presión o de
los partidos políticos. Ciertamente, el cristiano tiene una
visión del matrimonio y la familia cuyo fundamento antropológico
y teológico está enraizado armónicamente en la verdad que
procede de la Palabra de Dios, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia15.
Pero la misma luz de la fe enseña que la realidad del sacramento
matrimonial no es algo sucesivo y extrínseco, sólo un
añadido externo «sacramental» al amor de los cónyuges, sino que
es la misma realidad natural del amor conyugal asumida por Cristo como signo y
medio de salvación en el orden de la Ley Nueva. El problema de las
uniones de hecho, consiguientemente, puede y debe ser afrontado desde la recta
razón. No es cuestión, primariamente, de fe cristiana, sino de
racionalidad. La tendencia a contraponer en este punto un «pensamiento
católico» confesional a un «pensamiento laico» es
errónea16.
14
«...prescindiendo de las corrientes de pensamiento, existe un conjunto de
conocimientos en los cuales es posible reconocer una especie de patrimonio
espiritual de la humanidad. Es como si nos encontrásemos ante una filosofía
implícita por la cual cada uno cree conocer estos principios, aunque
de forma genérica y no refleja. Estos conocimientos, precisamente porque
son compartidos en cierto modo por todos, deberían ser como un punto de
referencia para las diversas escuelas filosóficas. Cuando la razón
logra intuir y formular los principios primeros y universales del ser y sacar
correctamente de ellos conclusiones coherentes de orden lógico y
deontológico, entonces puede considerarse una razón recta o, como
la llamaban los antiguos, orthòs logos, recta ratio».Juan Pablo
II,Enc. Fides et ratio, n. 4.
15
Concilio Vaticano II, Const. Dei Verbum n. 10.
16
«La relación entre fe y filosofía encuentra en la
predicación de Cristo crucificado y resucitado el escollo contra el cual
puede naufragar, pero por encima del cual puede desembocar en el océano
sin límites de la verdad. Aquí se evidencia la frontera entre la
razón y la fe, pero se aclara también el espacio en el cual ambas
pueden encontrarse».Juan Pablo II,Enc. Fides
et ratio, n. 23. «El Evangelio de la vida
no es exclusivamente para los creyentes: es para todos. La cuestión de
la vida y su defensa y promoción no es prerrogativa de los cristianos
sólos….». Juan Pablo II,Enc. Evangelium vitae, n. 101.
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