- VI - Guías cristianas de orientación
- Uniones de hecho, factores de fragilidad
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(38) La presencia de la Iglesia y del matrimonio cristiano ha comportado,
durante siglos, que la sociedad civil fuera capaz de reconocer el matrimonio en
su condición originaria, a la que Cristo alude en su
respuesta86. La condición originaria del matrimonio, y la
dificultad de reconocerla y de vivirla como íntima verdad, en la
profundidad del propio ser, «propter duritiam cordis» resulta, también
hoy, de perenne actualidad. El matrimonio es una institución natural
cuyas características esenciales pueden ser reconocidas por la
inteligencia, más allá de las culturas87. Este
reconocimiento de la verdad sobre el matrimonio es también de orden
moral88. Pero no se puede ignorar el hecho de que la naturaleza humana,
herida por el pecado, y redimida por Cristo, no siempre alcanza a reconocer con
claridad las verdades inscritas por Dios en su propio corazón. De
aquí que el testimonio cristiano en el mundo, la Iglesia y su Magisterio
sean una enseñanza y un testimonio vivos en medio del mundo89.
Es también importante en este contexto subrayar la verdadera y propia
necesidad de la gracia para que la vida matrimonial se desarrolle en su
auténtica plenitud90. Por ello, a la hora de un discernimiento
pastoral de la problemática de las uniones de hecho, es importante la consideración
de la fragilidad humana y la importancia de una experiencia y una catequesis
verdaderamente eclesiales, que oriente hacia la vida de gracia, oración,
los sacramentos, y en particular el de la Reconciliación.
86 «Cristo
no acepta la discusión al nivel en el que sus interlocutores intentan
introducirla, en cierto sentido, no aprueba la dimensión que intentan
dar al problema. Evita quedar implicado en controversias
jurídico-casuísticas, y en cambio, hace referencia, en dos
ocasiones al 'principio'»Juan Pablo II,Alocución durante la Audiencia
general de 5-9-1979.
87 «No
se puede negar que el hombre existe siempre en una cultura concreta, pero
tampoco se puede negar que el hombre no se agota en esa misma cultura. Por otra
parte el progreso mismo de las culturas demuestra que en el hombre existe algo
que las trasciende. Este 'algo' es precisamente la naturaleza del hombre:
precisamente esta naturaleza es la medida de la cultura y es la
condición para que el hombre no sea prisionero de ninguna de sus
culturas, sino que defienda su dignidad personal viviendo de acuerdo con la
verdad profunda su su ser». Juan Pablo II, Enc. Veritatis splendor n.
53.
88 La
ley natural «no es otra cosa que la luz de la inteligencia infundida en
nosotros por Dios. Gracias a ella conocemos lo que se debe hacer y lo que se
debe evitar. Dios ha donado esta luz y esta ley en la Creación». Sto.
Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I-II q. 93, a. 3, ad 2um.Cfr.
Juan Pablo II, Enc. Veritatis
splendor, nn 35-53.
89 Juan Pablo II, Enc. Veritatis splendor nn 62-64
90 Por
medio de la gracia matrimonial los cónyuges «se ayudan mutuamente a
santificarse con la vida conyugal y en la acogida y educación de los
hijos». Concilio Vaticano II, Const. Lumen gentium n. 11. Cfr. Catecismo
de la Iglesia Católica nn. 1641-1642.
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