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1. La opción general
El próximo sínodo quiere continuar en la estela de las
precedentes asambleas y presentar el ministerio del obispo «bajo el perfil de
la proclamación del evangelio de la esperanza, casi como vértice y
síntesis» de la reflexión de los sínodos que han redefinido la identidad de las
diversas vocaciones (fieles laicos, presbíteros y vida consagrada) en vista de
una su «mayor complementariedad» (n. 4).
Ahora se trata de «orientar hacia el futuro la misión
de todo el pueblo de Dios, en comunión con sus pastores» (n. 4), sirviéndonos
también de lo que se ha ido profundizando en la ministerialidad episcopal y que
ha ido madurando en varios sínodos, también los relativos a la evangelización
en los diversos continentes (n. 5), y
teniendo en cuenta en particular las situaciones sociales y culturales
del comienzo del milenio, marcadas por la postmodernidad y por la globalización
o mundialización (n. 6). Profundizar en la complementariedad entre las
distintas vocaciones de la Iglesia y mejorar el compartir de su responsabilidad
con el obispo, y viceversa, en vista de un creíble mensaje de esperanza
para la humanidad de hoy, parece ser la preocupación central del documento (cf.
nn. 13 52 92 105 119 122 124…).
Una vez sentadas estas premisas, el instrumentum no
pretende «alargarse en una amplia descripción de la situación mundial, ni menos
aún atraer la atención sobre cuestiones de carácter particular o regional, ya
ezaminadas en las precedentes asambleas continentales» (n. 7). Sin embargo,
ofrece, de hecho, numerosas informaciones generales relativas a los distintos
continentes y retoma algunas relevantes indicaciones sintéticas sobre las
diversas vocaciones y, en particular, sobre la vida consagrada.
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