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4. El ministerio episcopal en la iglesia universal en
una visión de esperanza
El capítulo III está dedicado a ilustrar el
ministerio de comunión y de misión del obispo en la iglesia universal, con
particular referencia a su colaboración en el colegio episcopal, en el
ministerio petrino y en las conferencias episcopales o en formas de
organización análogas. Por la importancia de estas problemática, es natural que
hay menos acentos sobre la esperanza. Sin embargo, no están del todo ausentes.
En ellos se pone en clara evidencia que «el misterio
trinitario, que es misterio de comunión en la reciprocidad, es como el cuadro
de referencia de la vida de la Iglesia, de su misión, de sus ministerios y por
lo tanto del ministerio episcopal. (Y subraya que) esta perspectiva es un signo
de esperanza para el mundo en medio de las disgregaciones de la unidad, de
las contraposiciones y de los conflictos» (n. 63).
Se afirma que la comunión eclesial en sus diversas
expresiones está, entre otras cosas, «fundada en la esperanza» (n. 61) y
«sostenida por la esperanza sobrenatural en la actuación del designio
divino con la fuerza del Espíritu Santo» (n. 64).
Se subraya además que «la unidad de la iglesia, en
comunión y bajo la guía del sucesor de Pedro, es fuente de esperanza
para el futuro. El designio de Dios es la unidad de la entera familia humana y
la Iglesia católica conserva en su estructura este precioso don. Tal unidad es
fuente de confianza y de esperanza para el futuro de la misión de los
cristianos en el mundo» (n. 67).
Se podían desear y esperar otras alusiones relativas
a la esperanza evangélica a propósito de las múltiples formas de colaboración
episcopal afrontadas en el capítulo. Su ausencia ¿indica, quizá, la mano de un
redactor distinto del redactor de los demás capítulos? ¿Una carente revisión
final? ¿O qué otra cosa? Según mi opinión, todas estas formas de colaboración
son y han da ser espacios y fuentes de esperanza.
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