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2. El ministerio episcopal en una eclesiología de
comunión y misión
Sabemos que la eclesiología de comunión y de misión
constituye la visión central y fundamental en los documentos del Vaticano II.
Los sínodos dedicados a los fieles laicos, a los presbíteros y a la vida
consagrada han vuelto a definir la identidad de la misma en «una eclesiología
de comunión y de misión, atenta a la naturaleza jerárquica y carismática de la
Iglesia» (n. 4). La vida consagrada – es bueno quizá recordarlo – pertenece de
manera peculiar a la naturaleza carismática de la Iglesia y, como tal, es
«señal de comunión en la Iglesia» y tiene la misión de ser «epifanía del amor
de Dios en el mundo» (VC cap. II y III). En continuidad con esta visión
eclesiológica de fondo, el instrumentum describe la vocación y el
ministerio del obispo a partir de una eclesiología de comunión y de misión: «el
obispo lleva en sí la llamada personal y ministerial a la comunión y a la
misión» (n. 60).
Comunión y misión son
categorías eclesiológicas que abarcan una amplia gama de significados que en el
periodo del postconcilio han sido objeto de diferentes comprensiones, de tomas
de posturas significativas de parte de personas con ascendencia (la carta Communionis
notio de la Cdf) y de un debate que
sigue abierto (por ejemplo entre el Card. Ratzinger y el Card. Kasper). El instrumentum
presenta algunos de estos significados, que se refieren a la esencia de
la iglesia o a su existencia en la historia de hoy. Transcribo algunas
formulaciones que dicen de manera sintética lo que se expone varias veces de
manera analítica.
Entendida en su esencia, la comunión es a la
vez «comunión con Dios y entre las personas, don de la Trinidad y compromiso de
la fe y del amor, visible e invisible. La comunión eclesial, fundada sobre la
palabra de Dios y sus sacramentos, especialmente la Eucaristía, expresada en la
fe, fundada sobre la esperanza, animada por la caridad, radicada en la unidad
del ministerio de enseñanza y de gobierno del sucesor de Pedro y de los
obispos, posee a la vez fuerza de unidad y dinamismo misionero» (n. 61 y con fórmulas análogas, el n.67)
Y en efecto «comunión y misión se implican
mutuamente; la fuerza de la comunión hace crecer la Iglesia en extensión y en
profundidad. Pero la misión hace crecer también la comunión, que se extiende
(...) hasta alcanzar a todos. En efecto, la Iglesia se difunde en las diversas
culturas y las introduce en el Reino, de modo que todo lo que de Dios ha salido
a Dios pueda volver. Por esto se ha afirmado [por Christifideles laici]: “La
comunión se abre a la misión, haciéndose ella misma misión”».
«La comunión corresponde al ser de la Iglesia,
recuerda el destino de todos los carismas al ágape, a la comunión en la
unidad, en el mismo designio de salvación, en el mismo proyecto eclesial. La
unidad de la Iglesia como comunión y misión no pertenece sólo a la esencia de
su misterio y de su compromiso en el mundo, ella es también la garantía y el
sello de su obrar divino: todo proviene del designio trinitario de Dios,
que en su unidad está en el origen de todo y es también el destino final de
todo, según la visión de la historia de salvación que involucra a la humanidad
y al cosmos» (n. 62).
En una visual existencial, es decir con
referencia a nuestro tiempo en el que la unidad es signo de esperanza para los
pueblos como para el actuar humano encaminado a construir un mundo
reconciliado, las relaciones de comunión y de misión entre todos los discípulos
de Cristo en el ámbito de las iglesias, tomadas singularmente y en su conjunto,
«son signo y testimonio creíble de la autenticidad del Evangelio; (son) signo
de esperanza para el mundo en medio de las disgregaciones de la unidad, de las
contraposiciones y de los conflictos» (n. 63 y también 67). Caben en esta
comprensión de la existencia de la Iglesia contemporánea los numerosos signos
de vitalidad y de esperanza que hoy se perciben en numerosos tejidos eclesiales
descritos en el primer capítulo del instrumentum, del que se hablará más
tarde.
«El ministerio episcopal – así lo declara el instrumentum
- se encuadra en esta eclesiología
de comunión y de misión que genera un obrar en comunión, una espiritualidad y
un estilo de comunión» (n. 64). En
concreto, el documento toma en cuenta los varios tipos de comunión destinados a
caracterizar el vivir y el obrar del obispo en el seno de la iglesia universal
y de la propia iglesia particular. Antes de describirlos, es oportuno precisar
lo que se entiende por iglesia universal, iglesia particular y su recíproca
relación propuesta por el instrumentum, que en un cierto sentido refleja
un camino más bien accidentado recorrido en el postconcilio.
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