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3.2 Reciprocidad entre iglesia universal e iglesias
particulares
El instrumentum laboris refleja variamente
esta situación. Atrae la atención sobre una visión eclesiológica unilateral
(denunciada por la citada carta de la Cdf), según la cual se llega al punto de
afirmar que «cada iglesia particular es sujeto en sí mismo completo y que la
iglesia universal resulta del conocimiento recíproco de las iglesias
particulares». Con razón hace notar que todo esto es reductivo «no sólo en el
concepto de Iglesia universal sino también en el de iglesia particular, y
manifiesta una insuficiente comprensión del concepto de comunión». Y para
apoyar esta afirmación recuerda que la comunión eclesial tiene una dimensión
universal, en base a la cual «cada fiel (...) aún perteneciendo a una iglesia
particular en la cual ha sido bautizado o vive o participa de la vida de
Cristo, pertenece de algún modo a todas las iglesias particulares», es decir «a
la única Iglesia de Cristo». (84)
Ampliando esta perspectiva, el instrumentum
pone justamente en evidencia como los elementos constitutivos de la iglesia
particular, que se sacan de la eclesiología del NT, tienen una apertura
universal, es decir que constituyen también lazos de comunión entre la iglesia
particular y todas las demás iglesias. «Los dones divinos, mediante los cuales
cada obispo edifica su iglesia particular, o sea el Evangelio y la Eucaristía,
son los mismos que no sólo constituyen cada iglesia particular como reunión en
el Espíritu, sino que también la abren, cada una, a la comunión con todas las
otras iglesias. El anuncio del Evangelio, en efecto, es universal y, por
voluntad del Señor, está dirigido a todos los hombres y es inmutable en todos
los tiempos» (n. 66 y también 68 81 111).
«La celebración de la Eucaristía por su misma
naturaleza y como todas las otras acciones litúrgicas, es acción de toda la
Iglesia, pertenece al entero cuerpo de la Iglesia, lo manifiesta y lo implica (SC
26)» (n.66); «Es el misterio de la Cena del Señor o Eucaristía que
hace la Iglesia. Es, precisamente, Cristo la Cabeza y el Esposo de la Iglesia y
es la Eucaristía el memorial sacramental de la muerte y resurrección del Cristo
glorioso que hace a la Iglesia una, santa, católica y apostólica» (n. 81 y
también 68).
«La referencia a la Iglesia de Jerusalén [«la iglesia
de Pentecostés en la cual están integradas todas las riquezas de la
catolicidad»] hace que cada iglesia tenga un vínculo necesario con Pedro,
cabeza de esta Iglesia de los orígenes. Tal vínculo confiere carácter
apostólico a cada iglesia local a través de la sucesión apostólica de los
obispos» (n.85). Coherentemente, «Para que cada iglesia particular sea
plenamente Iglesia, es decir, presencia particular de la Iglesia universal con
todos sus elementos esenciales, y por lo tanto constituida a imagen de la
Iglesia universal, debe hallarse presente en ella, como elemento propio, la
suprema autoridad de la Iglesia: el Colegio episcopal junto con su cabeza, el
Romano Pontífice, y jamás sin ella» (n.
65).
«En la comunión de las Iglesias, el obispo representa
su iglesia particular y, con ésta, él representa la comunión de las iglesias.
Mediante el ministerio episcopal, en efecto, cada iglesia particular, que
también es una portio Ecclesiae universalis, vive la totalidad de la
una-santa y está presente en ella la totalidad de la católica-apostólica» (n.
65).
«La dimensión de universalidad es inherente a la
comunión con todas las iglesias y a la naturaleza misma del ministerio
presbiteral, que tiene una misión universal» (n. 86).
«Los diversos carismas - religiosos, locales,
misioneros – hacen que la Iglesia local se encuentre abierta a una dimensión de
universalidad, mientras ellos encuentran su concreción en el servicio y el
compromiso apostólico, querido por los fundadores» (n. 99 y también 62). «Los
diversos Institutos de VC y las Sociedades de vida apostólica tienen un
peculiar vínculo de comunión con el Sucesor de Pedro, en el cual está también
radicado su carácter de universalidad y su connotación supradiocesana (...) Las
personas consagradas, dondequiera que se encuentren, viven su vocación para la
Iglesia universal dentro de una determinada iglesia particular, donde expresan
su pertenencia eclesial y desenvuelven tareas significativas» (n. 92 que cita
VC 47).
De estas y otras afirmaciones (véase, en particular,
el n.82 que indica como la unidad, la santidad, la catolicidad y la
apostolicidad se realizan en la iglesia local o particular) emerge claramente
que las iglesias particulares no son realmente iglesia sin la comunión con las
demás iglesias, y aparece además claro que la iglesia universal no puede
reducirse al simple y mutuo reconocimiento de las iglesias particulares entre
ellas, y es sin embargo el fruto de la comunión entre todas las iglesias
particulares mediante todos los elementos constitutivos de la comunión eclesial
que acabamos de citar. En este sentido, algunas expresiones del instrumentum
laboris prospecta a la iglesia universal como «comunión de las iglesias»
(nn. 65 69) y habla de «reciprocidad entre iglesia universal y las iglesias
particulares, que abiertas las unas a las otras, se reencuentran como porciones
del pueblo de Dios y “portiones Ecclesiae” en la una, santa, católica y
apostólica, la cual (...) en ellas se encarna como comunidades históricas,
territoriales y culturales concretas». (n. 80)
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