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3.5.El obispo en la iglesia particular
La descripción del ministerio del obispo en su propia
iglesia se introduce mediante el icono bíblico del lavatorio de los pies (cf n.
78) y calificado como «servicio de su iglesia». Esto indica la visual teológica
en la que hay que entenderlo y la actitud espiritual con la que hay que
ejercerlo. Se subraya una y otra vez que el episcopado es un término que
«indica primariamente no un honor, sino un servicio; está destinado sobre todo
a hacer el bien más que a manifestar una preeminencia» (n. 37 y también 79 y
117 además de los textos citados).
El obispo es «visible principio y fundamento de la
unidad en su iglesia particular» (LG 23). Su ministerio de santificación, de
magisterio y de gobierno es todo ello relativo a la labor profética sacerdotal
y real del pueblo de Dios que obra en su iglesia particular (n. 79).
En la persona del obispo unido a su pueblo, se
realizan los distintos aspectos de la comunión eclesial. «Se manifiesta en la comunión
trinitaria» (de la que se ha hablado antes). «Se cumple en el obispo la comunión
apostólica, que lo hace testigo de la tradición viva del Evangelio, en
conexión con la sucesión apostólica. Obra en él la comunión jerárquica que
lo une al carisma petrino (...) Se hace concreta la unidad de la iglesia
particular, que encuentra en él el punto de comunión entre los presbíteros
y las diversas parroquias y asambleas locales; éstas, en comunión con él, se
hacen “legítimas”. El es, en fin, animador de la comunión de los carismas y
ministerios de los otros fieles de Cristo, consagrados y laicos, que
encuentran en él el principio de unidad y de fuerza misionera. También en la
persona del obispo se manifiesta la reciprocidad entre la Iglesia Universal y
las iglesias particulares» (n. 80 y también 64 y 86) de la que se ha hablado
arriba.
En la prosecución de la exposición el instrumentum
considera como el ministerio del obispo es ejercido concretamente en las
relaciones de comunión y de misión con los distintos sujetos operantes en la
propia iglesia (presbíteros, diáconos, el seminario, otros ministerios, la vida
consagrada, el laicado, la familia, los jóvenes, las parroquias, los
movimientos eclesiales y las nuevas comunidades) y en ejercicio concreto del
triple ministerio de la palabra, de la santificación y del gobierno.
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