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4.4. Las actuales figuras de obispo
Considerada en esta óptica contextual de la Iglesia
universal y de las iglesias particulares «en las últimas décadas ha cambiado la
imagen del obispo; él aparece en la experiencia de los fieles, más cerca y
presente en medio de su pueblo, como padre, hermano y amigo; más simple y
accesible. Y sin embargo, han aumentado sus responsabilidades pastorales y se
han alargado sus deberes ministeriales, en una Iglesia siempre más atenta a las
necesidades del mundo, a tal punto que el obispo aparece hoy empeñado en varias
tareas ministeriales, a tal punto que el obispo aparece hoy empeñado en varias
tareas ministeriales y muchas veces es signo de contradicción a causa de la
defensa de la verdad. Por lo tanto, él está abierto a una constante renovación
de su oficio pastoral, en una cada vez más profunda dimensión de comunión y de
colaboración con los presbíteros, las personas consagradas y los laicos» (n.
9).
Considerado esto y especialmente el que el obispo
está llamado hoy a ser vigilante profeta (n. 33), creíble testigo y eficaz
promotor de la esperanza (n. 34), el instrumentum dedica mucho espacio a
describir el camino espiritual del obispo, que hay que recorrer con realismo
espiritual de lo cotidiano, en la armonía entre divino y humano, con fidelidad
hasta el fin y teniendo como punto de referencia el ejemplo de santos obispos
(cf nn. 43-59); subraya además «la oportunidad de iniciativas particulares en favor
de los obispos recién nombrados» y la «necesidad de la formación permanente de
los obispos y eventuales períodos sabáticos» (n. 77).
Siempre en esta óptica atenta a las situaciones
actuales y registrando las respuestas de las conferencias episcopales a los Lineamenta,
se señalan las siguientes «características de la figura del obispo tal como
son percibidas en diversos lugares y sociedades. A veces aparece una cierta
visión “monárquica” o “autoritaria”, que tiende a atribuir al obispo una parte
impropia en la Iglesia y en el mundo; otras veces se considera en cambio al
obispo como “pastor en medio de su grey”, “padre de la fe”, de modo tal que los
presbíteros, los religiosos y los laicos no son simplemente ”ayudantes” del
obispo, sino sus “colaboradores”» (n. 119).
Además, como «subrayan las respuestas a los Lineamenta,
existe el peligro de que en el modo de gobernar del obispo se introduzcan
elementos poco convenientes a una pastoral genuinamente evangélica, al punto
que la gente corra el riesgo de considerarlo como uno de los personajes
notables de la sociedad (…) En las sociedades que nutren sentimientos
contrarios a un cierto ejercicio de la autoridad se manifiesta una cierta
tendencia a revisar la figura del obispo, dando interpretaciones particulares
al principio de subsidiaridad y a las normas jurídicas de la consultación. Esto
porque frecuentemente la autoridad es vista como “poder”. Ciertas formas y
atribuciones exteriores, como títulos honoríficos y vestiduras, no deben
ofuscar el ministerio episcopal de enseñanza en palabras y obras» (n. 120).
Para superar todo esto, se dan algunas indicaciones
concretas. Entre otras, ésta que interesa de cerca a los religiosos: «El obispo
será fiel a su misión recordando que su responsabilidad personal de pastor es
participada, por todos los fieles en virtud del bautismo, en los modos que les
son propios, por algunos en virtud del orden sagrado y por otros a raíz de la
especial consagración por los consejos evangélicos» (n. 119).
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