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3.1 Algunas adquisiciones pacíficas
La Lumen Gentium sitúa en primer plano a la iglesia, en singular, como expresión única de la única ekklesia de Dios que abraza a todos: es la comunidad de los bautizados unida por el Espíritu Santo, conformada con el Hijo Jesucristo y en camino, con toda la creación, hacia el Padre. Es la Iglesia universal, sacramento de unión de todo el género humano, único cuerpo de Cristo «constituida y organizada en este mundo como una sociedad que subsiste en la iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él» (LG 1-8 y 18-23). Es la iglesia único pueblo de Dios, en el que hay diversidad de ministerios y carismas, que vive en las iglesias particulares unidas por la comunión eclesiástica, que está presente en todos los pueblos de la tierra, donde está llamada a «favorecer y acoger todos los recursos, las riquezas, las costumbres, en la medida en que son buenas y acogiéndolas las purifica, las consolida y las eleva» (LG 9-13). El instrumentum acoge esta eclesiología universalista y enuncia algunas de sus formulaciones y esto se ha constatado en lo expuesto hasta ahora y es la perspectiva desarrollada especialmente en el Capítulo III. En particular retoma varias declaraciones de Vita Consacrata que colocan la VC en el corazón mismo de la Iglesia universal, como parte integrante de la misma y como expresión de una «estructura más amplia, rica y articulada, que es carismático-institucional, querida por Cristo mismo e inclusiva de la vida consagrada» (n. 92). Juntamente con esta eclesiología, en la misma Lumen Gentium, pero de manera particular en los decretos Christus Dominus, Orientalium ecclesiarum, Unitatis redintegratio, Ad gentes, la atención va hacia las iglesias particulares (las diócesis que abracan las varias formas de vida consagrada) y locales (las iglesias orientales y de Ritos) y centrada en el misterio eucarístico, corazón de la experiencia eclesial, que acontece a nivel de una comunidad encarnada en un determinado espacio humano. De esta manera, las iglesias particulares y locales, al plural, han obtenido el mismo rango teológico de la iglesia universal. Coherentemente, la iglesia universal es concebida como comunión de iglesias locales, o como “corpus ecclesiarum”, según la visión eclesiológica bíblica y patrística. Las afirmaciones más relevantes al respecto se leen en el contexto de la reformulación de la colegialidad episcopal y del ministerio del obispo en su propia iglesia. A propósito de la iglesia universal se lee: «Y así en ellas [Iglesias particulares] y desde ellas resulta la una y única Iglesia católica» (in quibus et ex quibus una et unica Ecclesia cattolica existit) (LG 23). El sentido de estas afirmaciones conciliares, integradas con otras, es el siguiente: las iglesias particulares y locales en las que se cumplen, de manera legítima, los actos eclesiales fundamentales (predicación del Evangelio, celebración de la Eucaristía, vida cristiana teologal, comunión eclesial, comunión ministerial del obispo con los demás obispos y con el sucesor de Pedro, apertura misionera) son en sentido pleno iglesia (ecclesia), pero sólo si están en relación recíproca tal que constituyen juntos la misma iglesia universal entendida como communio ecclesiarum. Por consiguiente, la iglesia universal no es una especie de confederación organizada de comunidades locales personales, independientes entre sí, ni tampoco es una identidad que cubre a todo el mundo según un sistema social que, por motivos de organización y de función, se articula en muchas partes o subsistemas. Lo ha declarado claramente Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi: «Guardarémonos bien de concebir la Iglesia universal como la suma o, si se puede decir, la federación más o menos anómala de Iglesias particulares esencialmente diversas (...) Pero, por otra parte, la Iglesia “difundida por todo el orbe” se convertiría en una abstracción, si no tomase cuerpo y vida precisamente através de las Iglesias particulares» (EN 62). «En la realidad social, cultural, geográfica, histórica de las iglesias locales dispersas por el mundo la Iglesia universal realiza el misterio de la unidad y de la reconciliación de todos en Cristo», afirma el instrumetum (n. 85). Estas dos eclesiologías que el Vaticano Ii ha tratado de integrar, inspiran de hecho dos distintos modelos de guía y animación de la comunión eclesial, centralizado el uno, sinodal el otro. En el periodo de postconcilio esto ha sido y fuente de tensiones en la vida de las iglesias, y lo sigue siendo, (como ha ido emergiendo tras la publicación de la Communionis notio de la Cdf y a propósito de los últimos sínodos). Tensión entre quienes «las iglesias particulares existen en y a partir de la iglesia universal», y por consiguiente como entidades subordinadas a la misma; y entre los que rechazan con decisión esta visión eclesiológica, considerada no respondiente a la compresión que el NT y los Padres de la Iglesia ofrecen de la communio ecclesiarum.
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