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Fr Aquilino Bocos Merino
C.M.F. Superior General
En Comunión con nuestros obis. para la esper. del mundo

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  • II. UNA MISMA PREOCUPACIÓN: LA ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN
    • 1. Obispos “en cambio de época”. El camino espiritual episcopal.
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1. Obispos “en cambio de época”. El camino espiritual episcopal.

 

La figura del obispo ha cambiado en estos últimos decenios. Se describe este cambio con términos como “más cercano”, “padre”, “hermano”, “amigo”, “más sencillo”, “más accesible32. Pero al mismo tiempo se destaca que su tarea ministerial se ha vuelto enormemente compleja. Dentro de un mundo “en red”, emerge una iglesia también “en red” y el obispo es uno de los puntos nodales de la red. De ahí, que se vea solicitado desde múltiples instancias. Ejercer con responsabilidad un ministerio de la importancia del ministerio ordenado en la Iglesia en este nuevo contexto solo es posible desde la potenciación del carisma recibido por la imposición de manos. Dicho muy sencillamente, haciendo del ministerio ordenado episcopal y de cada uno de los miembros del colegio episcopal un auténtico foco personal de espiritualidad.

 

            El IL da un paso adelante –de consecuencias también teológicas- cuando propone la espiritualidad episcopal como “camino de espiritualidad33. La teología clásica hablaba de los Obispos como “perfectores gregis”, o como aquellos que están –por ministerio-in statu perfectionis”. El IL no renuncia a la intuición fundamental de aquellas explicaciones; pero sí plantea el tema de la espiritualidad episcopal en términos dinámicos, procesuales, existenciales. También nuestros Obispos están en camino y es, desde el camino con todos los otros miembros del Pueblo de Dios, desde donde ejercen su ministerio de perfeccionamiento de la comunidad34. Por otra parte, una espiritualidad episcopal como itinerario es la mejor condición existencial para que el Obispo pueda acompañar y orientar el itinerario de su iglesia particular y de todos los “christifideles”, descubriendo en la historia personal y colectiva el entramado y los momentos de la historia de la salvaciónhoy”.

 

Es aquí, en este punto, en donde la conversatio spiritualis con nuestros pastores –en cuanto personas consagradas- puede resultarnos auténticamente enriquecedora e inspiradora. Reducir nuestros encuentros con los Pastores a cuestiones administrativas o pastorales es sumamente pobre. La comunión en el Espíritu del camino es muchísimo más importante. Cuando ésta se da, la libertad evangélica florece en las comunidades. Se hacen menos necesarios los controles. Se sabe que el mismo Espíritu nos enciende a todos, nos reconcilia y hace mirar en la misma dirección. La falta de conversatio spiritualis nos separa a unos de otros; nos hace caminar solos y en la oscuridad; no sirve de base para un auténtico dinamismo de comunión.

 

Cuando nuestros Obispos viven un itinerario espiritual reconocen que lo más importante no es aparecer como perfectos o guardar las apariencias, sino caminar, caminar hacia la perfección del amor, de la santidad: en su camino espiritual, como todo cristiano, también él experimenta la necesidad de la conversión consciente de su propia debilidad, de sus propios desalientos o del propio pecado35.

 

A nosotros, como religiosos, nos es necesario –y más de lo que tal vez pensemos- compartir con nuestros pastores el camino del Espíritu. La necesariaeclesialización” de la espiritualidad, o entrar en un camino de “espiritualidad de comunión”, está pidiendo que compartamos con todos nuestro camino, y caminemos sinodalmente con nuestros Obispos o Pastores36. Solo la relación en un camino de espiritualidad dignifica nuestra relación con los Pastores; no, obviamente, las relaciones de interés o de puro prestigio mundano.




32 Cf. IL. 9.



33 Cf. IL. 54-57.



34 Cf IL. 54.



35 Cf IL. 48.



36 Se pueden deducir o imaginar diversas consecuencias prácticas de este planteamiento. El IL. ya apunta algunas que destaco: 1) La celebración de la Liturgia de las Horas presidida en medio del pueblo (IL., 47). 2) Escucha de la Palabra de Dios con los presbíteros, consagrados, laicos (IL. 48). 3) El sacramento de la reconciliación (IL. 48). 4) Expresar su comunión con los presbíteros, diaconos, consagrados, laicos (IL., 51). 5) Acudir a los medios comunes para el crecimiento en la vida espiritual: amistad, consejo espiritual, la comunión fraterna (IL. 51). ¿No podemos ofrecer a nuestros hermanos Obispos nuestras comunidades e instituciones, nuestros servicios particulares para que puedan re-crearse, rehacerse? ¿No podemos ser para ellos como pequeñas betanias en su ministerio? Lo hemos sido en el pasado; podemos seguir siéndolo de formas diversas. No por jerarquismo, sino por “sensus Ecclesiae”, porque sabemos que así contribuimos a la madurez serena y bondadosa de nuestros obispos, en quienes los “christifidelesquieren descubrir “la madurez y la bondad de un padre y de un maestro espiritual” (IL. 55). Por otra parte, nuestro contacto espiritual con los obispos hace llegar a nosotros de una manera privilegiada el “sensus Ecclesiae”, el aroma de la apostolicidad de la Iglesiacarisma que a ellos les ha sido concedido de forma intensa y providencial-.






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