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Hay un elemento también novedoso
en el IL, que lo sitúa en continuidad con otro elemento novedoso de la exhortación
“Vita Consecrata”, y es la referencia a la “filocalia”, es decir, el amor por
la belleza divina que es irradiación de la divina bondad37.
El IL presenta el misterio y la
gracia del Episcopado desde la perspectiva de la belleza, o estética teológica.
El icono que –siguiendo los pasos de algunos documentos últimos- se propone
para iluminar la figura espiritual del obispo es el icono de Cristo Buen
Pastor.
Al explicar este icono, el IL dice: “Jesucristo entonces es el pastor,
que une en sí la verdad, la bondad y la belleza del don de sí por el rebaño. La
belleza del buen pastor está en el amor con que se entrega por cada una de sus
ovejas y establece con ellas una relación directa de conocimiento y amor….. La
belleza del pastor se manifiesta en la belleza de una Iglesia que ama y que
sirve. Ella es motivo de esperanza para toda la humanidad, movida también por
el instinto divino, que lleva en el corazón, hacia la belleza que salva, la
cual se expresa en el rostro del Cordero-Pastor.” 38
La
espiritualidad del Obispo tiene aquí su icono y su meta: ¡no suplantar, sino
hacer sacramentalmente presente al Buen Pastor en medio de la Iglesia
particular!
La vocación episcopal es bella tal como la liturgia de la ordenación
episcopal expresa paso a paso. Es bueno que en una espiritualidad de comunión,
apreciemos la belleza de las demás vocaciones y la belleza suscite en nosotros
el amor, la valoración, el deseo de comunión.
La belleza de la vocación episcopal se detecta, ante todo, en su impronta
trinitaria39. El obispo recibe el sello, la marca de la belleza
trinitaria: es imagen del Padre-Madre40, imagen viviente del Señor
Jesús como cabeza y esposo de la Iglesia y ungido por el Espíritu41. La
insistencia en los término “imagen”, “icono”, “sacramento” nos hacen ver que la
vocación episcopal es, ante todo, una vocación “simbólica”, “representativa”,
referencial. De la misma forma que desde el Vaticano II se ha resaltado que la
vocación a la vida consagrada es, fundamentalmente, vocación significativa,
simbólica, representativa; así también la vocación ministerial episcopal es
presentada en la misma perspectiva, pero ya no solo como un elemento
carismático, sino como un elemento carismático-constituyente, sacramental, del
ser de la Iglesia.
Redescubrir nuestra vocación de “signo”, “símbolo” en la iglesia y en
el mundo en correlación con la vocación también simbólica y representativa de
los ministros ordenados y de la comunidad cristiana, abrirá nuevos horizontes a
una eclesiología simbólica que haría justicia a la expresión ya clásica de “Ecclesia, Sacramentum Mundi”.
El ministerio ordenado episcopal configura la realidad espiritual del
Obispo, que está llamado a ser icono viviente de Jesús, Pastor y Esposo. Esto
hace que, ante todo, potencie en sí mismo el amor a la Iglesia y la pasión por
la comunión entre todos (reunir a los hijos de Dios dispersos42. Todo
se resume en la “caridad pastoral”, alma y raíz del ministerio y de su
espiritualidad peculiar43. Nosotros los religiosos también nos sentimos
llamados a vivir la “perfecta caritas”, o el mandamiento principal que
configura nuestra vida como una vida de obediencia a la Alianza. También
nosotros participamos, en diversos grados, de la “caridad pastoral” del Buen
Pastor, que da la vida por sus ovejas. Lo hacemos presente en nuestros
múltiples ministerios, con los cuales llevamos adelante la misión de la
Iglesia, dirigida y animada por nuestros pastores.
Aquí conviene recordar lo que decimos de todas las espiritualidades
propias: cuando “lo propio” se hace único, excluyente, se aísla, se afirma como
superior, la espiritualidad se vuelve idolátrica. Sólo en la comunión del
Espíritu, en la “mutua relatio” obtienen todas las espiritualidades
particulares su impronta eclesial y su perfección. El intercambio de dones es
un elemento esencial de la espiritualidad de comunión. Nadie, ningún grupo,
puede por sí mismo avanzar en el camino
espiritual sin correlaciones con otros estilos de espiritualidad.
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