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Fr Aquilino Bocos Merino
C.M.F. Superior General
En Comunión con nuestros obis. para la esper. del mundo

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  • III.- LA PRAXIS DE COMUNION
    • 1. Un gobierno animado por el espíritu de comunión
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1. Un gobierno animado por el espíritu de comunión

 

            La VC nos indica a los consagrados, y de modo especial a los Superiores Mayores,  el modo de proceder  en nuestras relaciones con los Obispos. No vamos a insistir ahora en ello51.

 

            El IL habla del ministerio del Obispo como servicio movido por la caridad pastoral, ejercido desde un gobierno animado por el espíritu de comunión. Es el presupuesto básico para bien articulada pastoral. La caridad pastoral inspira los principios esenciales de su ministerio: la unidad, la responsable colaboración y la coordinación. Como Pastor en medio de la grey y como padre en la fe, los presbíteros, los religiosos y los laicos no son simplemente sus “ayudantes”, sino sus “colaboradores52. “En efecto, el Obispo será fiel a su misión recordando que su responsabilidad personal de pastor está, según los modosparticipada por todos los fieles en virtud del bautismo, por algunos en virtud del orden sagrado y por otros en virtud de la especial consagración por los consejos evangélicos53.

 

Todo esto no oscurece ni mitiga la autoridad del Obispo, quien es responsable en su Iglesia particular de toda la vida espiritual, litúrgica, catequética, pastoral y caritativa54. Tan sólo subraya el modo de ejercerla. Claro está que al hablar de participación y colaboración dentro de una eclesiología de comunión orgánica55, conviene resaltar simultáneamente la diferencia, la coordinación y la complementariedad en las relaciones personales. Siendo el misterio, la comunión y la misión las tres coordenadas en las que han de moverse Obispos, presbíteros, consagrados y seglares, se ha de tener en cuenta que el diálogo nunca es entre iguales y que no se participa de la misma manera ni con idéntica responsabilidad en la vida y misión de la Iglesia. Este carácter diferencial en las relaciones afecta no sólo a los ministerios sino a los niveles de coordinación. No es lo mismo hablar o participar y colaborar a título personal que por representación institucional, a nivel local que nacional o internacional. Las características del diálogo y de la participación-colaboración entre Obispos y Superiores Mayores son muy diversas a las que de ordinario mantienen los miembros de una comunidad de consagrados.

 

Cuando queremos hacer efectiva y no solo afectiva la comunión, hay que establecer los cauces adecuados de colaboración y coordinación. Son muchas los medios y niveles para realizarlas. Pero siempre habrán de estar presentes estos dos dinamismos: la información y el diálogo.

           

            La adecuada información posibilita el mejor conocimiento y la eficaz cooperación56. Una buena información de los Obispos puede contribuir a que los Superiores Mayores traten de suscitar interés por los proyectos y los problemas de las Iglesias particulares. Y viceversa: una buena información de los Superiores Mayores permite que la Sede Apostólica y los Pastores conozcan el propio carisma del Instituto y el por qué de las iniciativas que emprenden; permite comprender el buen o mal momento que atraviesa un Instituto o una Provincia religiosa y explicar el por qué de algunas decisiones tomadas en Capítulos o Consejos que, tal vez, extrañan en la Iglesia universal o en las Iglesias particulares. Una buena información permite armonizar y conjugar los planes pastorales de las Conferencias Episcopales y de las Diócesis y los objetivos y prioridades tanto de los Capítulos Generales y Provinciales como de las Conferencias de Religiosos. Se suele decir que uno es el plan de los Obispos y otro es el de religiosos, destacando la disparidad entre ambos. Si se informase adecuadamente y se comparasen los planes, se podría comprobar que hay más armonía y conjunción que divergencia y paralelismo.

 

            Tanto el IL como la VC hacen hincapié en el diálogo incansable. El diálogo toma en este momento nombre de esperanza57. Se siente la necesidad de cuidar el diálogo en todos los niveles de relación, tanto personal como institucionalizada. Pero el diálogo no es fluido y adecuado entre nosotros por varias razones. Destaco estas tres: 1) El eficacismo. Estamos afectados en la Iglesia de este virus y nos vemos apremiados a tomar decisiones. Pasamos, sin querer, por encima de las personas. Todo corre aprisa y el tiempo se nos hace siempre corto. Lo cual impide que el diálogo se haga en condiciones humanas de serenidad, atenta escucha y ponderado discernimiento. 2) La multiplicidad de las relaciones y la complejidad de los asuntos, que todos piden ser tratados con interés, profundidad y especialización. 3) La recíproca desinformación. Frecuentemente las quejas que tenemos ante la infecundidad del diálogo no es por la carencia de interés de los unos por los otros, sino porque no informamos a tiempo y de manera adecuada.

 




51 Cf. VC 46-50.53.



52 Cf IL. 117-119.



53 IL. 119. Cf 120.



54 Cf LG 21-28.; CD 2.4.12-18; 33-35.



55 Participar y colaborar en la vida y misión de la Iglesia es algo más que una concesión o delegación de funciones y supone algo más que “estar presentes en los foros donde se informa.  Se participa y colabora cuando se expresa la responsabilidad y se alumbra la esperanza. Las personas consagradas, no sólo a título personal, sino institucional, pueden y deben aportar su capacidad de búsqueda, creatividad y compromiso en lo que se vea ser “el mayor bien para la Iglesia”. En la auténtica participación no cabe ni la inercia, ni la prevención, ni el escepticismo ni el retraimiento.



56 “Para promover el conocimiento recíproco, que es requisito obligado de una eficaz cooperación, sobre todo en el ámbito pastoral, es siempre oportuno un constante diálogo de los Superiores y Superioras Mayores de los Institutos de vida consagrada y de las Sociedades de vida apostólica con los Obispos (VC 50).



57 Cf IL. 30.






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