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A la hora de ejercer un gobierno de comunión en la
pastoral, también nosotros tenemos que hacernos algunas preguntas. ¿Qué criterios organizativos estamos teniendo conjuntamente para llevar adelante una
pastoral renovada e innovadora que responda a las necesidades que tan
lúcidamente detectamos en nuestros Capítulos? ¿Cómo nos colocamos a la
hora de iniciar una presencia o un servicio en las Iglesias particulares? ¿Qué nuevas propuestas de pastoral estamos
haciendo conjuntamente en Europa y América del Norte ante el declive numérico
de vocaciones y ante el aumento de edad de los sacerdotes, religiosos y religiosas?
¿Es legítimo hoy mantener una pastoral de mera conservación y de suplencia? ¿Es
normal que los Obispos o que los consagrados adoptemos posturas individualistas
y nos arreglemos cada uno como podamos? ¿Hemos contribuido suficientemente a la
preparación de los seglares para las responsabilidades que ya deberían asumir?
Para abrir nuevos puestos de misión en otra nación
es preciso, a veces, cerrar alguna posición en otra parte. ¿Qué incidencia está teniendo en las Iglesias
particulares el hecho de que los Institutos de vida consagrada, tan
sensibilizados y comprometidos con la “missio ad gentes”, hagan desplazamientos
de personal de Europa a países de otros continentes? ¿Con qué criterios estamos
realizando estas decisiones y qué oportunidad se le concede al Obispo para
acompañar en el discernimiento y proponer soluciones?
En la Asamblea anterior
reflexionamos juntos sobre cómo situarnos dentro de la globalización y caminar
hacia una comunión pluricéntrica e intercultural. Las interpelaciones que se
derivan de los hechos constatados y las posibles pistas de solución afectan al
gobierno pastoral de las Iglesias particulares y repercuten en estamentos
supradiocesanos. ¿No tendremos que empeñarnos en comunicar, compartir y buscar
con nuestros Pastores criterios concordes de actuación?
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