Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
Fr Aquilino Bocos Merino
C.M.F. Superior General
En Comunión con nuestros obis. para la esper. del mundo

IntraText CT - Texto

  • EN COMUNIÓN CON NUESTROS OBISPOS PARA LA ESPERANZA DEL MUNDO
Anterior - Siguiente

Pulse aquí para activar los vínculos a las concordancias

EN COMUNIÓN CON NUESTROS OBISPOS PARA LA ESPERANZA DEL MUNDO

                                                                                              P. Aquilino BOCOS MERINO, CMF

 

 

0.- COMO SITUARNOS ANTE ESTE SINODO

 

 

El próximo Sínodo tratará sobre “El Obispo servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo”.  Su preparación nos ofrece una nueva oportunidad para iluminar el camino de la vida consagrada en nuestro tiempo y encontrar nuevas perspectivas para inspirar en nosotros una conciencia más honda de nuestro “sensus Ecclesiae” y estimular una nueva espiritualidad y praxis de comunión, que siempre es comunión misionera1.

 

La presencia de nuestras comunidades en tantos países del mundo y en tantas iglesias particulares nos posibilita tener una visión bastante global del colegio episcopal y de su ministerio  y nos permite entrar en contacto personal con no pocos de los Pastores de iglesias particulares. Así mismo, nuestros institutos, casi todos de derecho pontificio, se hallan referidos, primordialmente, a la iglesia en su universalidad y, por eso, se sienten llamados a mantener y cultivar una especial vinculación con el Sucesor de Pedro2.

 

Mi intervención, elaborada a partir del Instrumentum Laboris (IL), leído desde nuestra condición eclesial –como consagrados- quiere situarse no donde han surgido tensiones, conflictos, lamentaciones mutuas, sino allí donde es posible vislumbrar un nuevo futuro que alienta la comunión para la esperanza cristiana.

 

Cada Sínodo es una llamada a todos los miembros de la Iglesia a la comunión, a caminar juntos en la misma dirección, a congregar esfuerzos para conseguir el objetivo para el que ha sido convocado. Mantener viva esta conciencia ayuda a superar cualquier tentación de ensimismamiento y autocomplacencia. Más que estar pendientes de si se concede o no relevancia y plausividad eclesial a la vida consagrada, hemos de preocuparnos por descubrir las urgencias y los espacios en los que puede ser más necesaria nuestra contribución carismática y profética. El nuestro es tiempo de unidad y no de división, de sumar y no de restar, de reconciliación y no de litigio. Es tiempo de “conversión”, de vida evangélica, de actuar responsablemente la gracia y el ministerio recibidos para común utilidad.

 

La vida consagrada no se reafirma y renueva defendiendo sus derechos, sino ofreciéndose a sí misma3. Juan Pablo II, a través de la exhortación postsinodal Vita Consecrata (VC), nos ha enseñado la forma de conducirnos en la Iglesia: reconocer y agradecer el don recibido, explicitar sus exigencias y estimular el compromiso evangelizador. Es la vía de la afirmación y no la de la contraposición la que hace crecer el Reino de Dios. Otro tanto podemos decir de la vida consagrada: en la medida en que testimonia el don recibido y lo comparte a través de sus múltiples servicios se recrea y crece.

 

Hemos de reconocer que necesitamos una “nueva conciencia” sobre la razón de ser y el ejercicio del ministerio episcopal dentro de la eclesiología del Vaticano II. Tal vez ha sido un aspecto que hemos olvidado de alguna manera y que no hemos sabido incluir sabiamente en el  proceso de renovación de nuestra identidad y misión. Así como pedimos a la Iglesia que conozca y reconozca nuestro carisma y razón de ser, así también tenemos ahora la oportunidad de conocer y reconocer el ministerio episcopal en toda su riqueza carismática, teológica y providencial.

 

Estamos en un momento de gracia. El itinerario sinodal recorrido ha ido fijando su atención en todas las formas de vida cristiana y en la misión evangelizadora de la Iglesia en los distintos contextos continentales. Ahora, con la profundización sobre la forma de vida y ministerio episcopal, parece que se concluye una etapa y accedemos a una nueva síntesis eclesiológica más completa y abarcante, más honda y comunicativa. Es la hora de hacer fecunda la correlación de las formas de vida, del intercambio de dones y de su complementariedad para testimoniar la comunión eclesial y hacer fructífero el servicio pastoral.

 

La elección del tema para el próximo Sínodo de Obispos es más que congruente. Examinando, al inicio del milenio el contexto social, cultural, económico, político y religioso del mundo actual, la evangelización viene propuesta como anuncio del Evangelio de Jesucristo verdadera esperanza para la humanidad. Nuestro mundo, postmoderno y globalizado, pide una palabra de esperanza y de luz que lo guíe en el futuro. El Evangelio en la historia ha sido, es y será un fermento de libertad y de progreso, de fraternidad, de unidad y de paz4.

 

Esta X Asamblea ordinaria del Sínodo nos coloca ante el ministerio de los Obispos y nos prepara a replantear las relaciones entre Obispos, sacerdotes, consagrados y laicos desde una más intensa comunión y desde un más articulado compromiso evangelizador. Es una invitación a continuar caminando en una misma dirección, bajo la guía de los Pastores, a fin de suscitar aquel dinamismo teologal que es propio del Evangelio para que la humanidad entera “escuchando crea, creyendo espere, esperando ame” 5.

 

 

 




1 Cf. ChFL 32.



2 La historia de la espiritualidad pone de manifiesto “su función providencial como garantía tanto de la identidad propia de la vida consagrada, como de la expansión misionera del Evangelio”. Nuestros institutos “han mantenido firme a través de los siglos la comunión con los Sucesores de Pedro, los cuales, a su vez, han encontrado en ellos una actitud pronta y generosa para dedicarse a la misión, con una disponibilidad que, llegado el caso, ha alcanzado el verdadero heroísmo” (VC, 47). Cf Synodus Episcoporum. X Coetus generalis ordinarius, Instumentum laboris, Città del Vaticano, 2001, n. 2.



3 La vida consagrada es sobreabundancia de gratuidad y, por eso, es capaz de llenar de nuevo aroma la casa de Dios, la Iglesia (cf. VC 104).



4 Cf IL. 11.



5 Cf IL. 6.






Anterior - Siguiente

Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText

Best viewed with any browser at 800x600 or 768x1024 on Tablet PC
IntraText® (V89) - Some rights reserved by EuloTech SRL - 1996-2007. Content in this page is licensed under a Creative Commons License