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Fr Aquilino Bocos Merino
C.M.F. Superior General
En Comunión con nuestros obis. para la esper. del mundo

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  • I.- DENTRO DE  UNA FECUNDA Y ORDENADA COMUNIÓN ECLESIAL
    • 1. Los Sínodos han favorecido la correlación de carismas y ministerios
      • 1.2. Para seguir progresando
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1.2. Para seguir progresando

 

            A pesar de los muchos logros alcanzados en la convivencia y en la pastoral, nuestras comunidades experimentan distanciamientos, contrariedades y conflictos. ¿Qué nos está sucediendo? Hemos de ser realistas y aceptar los elementos objetivos que entorpecen las buenas relaciones. Por un lado, está la diversidad de dones, fruto de la acción del Espíritu, que lleva dentro de sí tensión. Hay quienes acentúan los dones carismáticos y quienes los jerárquicos. Surge así una tensión que no tiene por qué ser factor negativo, disgregador o de división. Existen valores contrapuestos (Iglesia universal - Iglesia particular, servicio a la Iglesia universal - inserción en la Iglesia particular; autonomía - cooperación; diocesanidad - instituto religioso, presbítero diocesano - presbítero religioso, etc), que crean situaciones confrontadas. Por otro lado, hay que pensar que los conflictos son inherentes a la misma vida humana que está llena de límites e incompatibilidades y de la cual no hay que excluir el egoísmo y el pecado. Todos sabemos que los conflictos surgen cuando menos se espera por la forma de interpretar los hechos y las propias competencias, por la diversidad de opciones evangelizadoras, por los diferentes puntos de vista sobre la forma de programar y de actuar, y por intereses, a veces inconfesables, de poder, de prestigio y de protagonismo.

 

La vía disciplinar o normativa, aunque ayuda, no logra superar las dificultades. Todavía no se ha encontrado esa “nueva disciplina”, deseada por algunos en las puertas del Sínodo sobre la vida consagrada, que, delimitando claramente las respectivas atribuciones, erradicaría los molestos conflictos que tanto impiden la tranquilidad en la vida eclesial. En la VC Juan Pablo II propuso, como forma de convertir estos inevitables contrastes en fecunda contribución al bien de la Iglesia, la vía del diálogo de la verdad en la caridad. La cual supone escucha del Espíritu, fuente de todos los dones en la Iglesia. Consciente de los desafíos y de la grave responsabilidad ante la evangelización del mundo contemporáneo en el umbral del tercer milenio17, confirma, anima, orienta y estimula la vida consagrada a que, desde una clara vivencia del misterio trinitario, promueva una espiritualidad de comunión “para que todos crean” (cf Jn 17, 21) 18

 

Aspectos como la autonomía, la exención, el servicio a la Iglesia universal y la participación en la Iglesia particular, han de ser afrontados desde una perspectiva más teologal, comunional y misionera. Muchos de los conflictos aún existentes no van a desaparecer si no se asimila la nueva eclesiología marcada por los Sínodos y la nueva espiritualidad en la que quieren introducirnos. De estos dos aspectos nos ocupamos a continuación, teniendo en cuenta el IL.

 

            Antes, quiero hacer una pregunta: Este Sínodo ¿no podría ser el momento oportuno para agradecer a nuestros Pastores su solicitud por la vida consagrada y para pedirles perdón por todas nuestras faltas de colaboración en su ministerio? Nuestras infidelidades, nuestra mediocridad, nuestra carencia de empeño en la cualificación para los distintos ministerios, han entorpecido o disminuido la cooperación. Nos hace bien purificar la memoria. Partir del agradecimiento y de la petición de perdón contribuirá a mejorar y a hacer progresar las relaciones con nuestros Pastores.

 




17 “Se invita a los Institutos a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy” (VC 37).



18 Ahora, en la carta apostólica Nuovo millenio ineunte (NMI) insiste en que las relaciones en la Iglesia se plantean desde unas bases más profundas y de más largo alcance que el mero organizativo y funcional. “Así como la prudencia jurídica, poniendo reglas precisas para la participación, manifiesta la estructura jerárquica de la Iglesia y evita tentaciones de arbitrariedad y pretensiones injustificadas, la espiritualidad de la comunión da un alma a la estructura institucional, con una llamada a la confianza y apertura que responde plenamente a la dignidad y responsabilidad de cada miembro del Pueblo de Dios”. NMI 45. Ver completos los  nn. 44-45.






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