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| Fr Aquilino Bocos Merino C.M.F. Superior General En Comunión con nuestros obis. para la esper. del mundo IntraText CT - Texto |
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2. 4. Correlación entre la vida consagrada laical y los ministros ordenados ObisposOtro es el tipo de relación que se establece entre los Obispos y los Hermanos y Hermanas de Institutos de vida consagrada, que pertenecen a los “christifideles laici”. La consagración religiosa, vivida en fraternidad y misión apostólica, en tanto que don del Espíritu a su Iglesia, suscita unas específicas relaciones de comunión y de colaboración en el anuncio del Evangelio y en el servicio de la caridad. Los Hermanos y Hermanas, con su total entrega a Jesucristo y a la Iglesia, son exponentes de la gratuidad divina y del soberano poder de Cristo glorioso; “proporcionan un preclaro e inestimable testimonio de que el mundo no puede ser transformado ni ofrecido a Dios sin el espíritu de las bienaventuranzas” 28. Son, a la vez, testimonio y fermento de fraternidad en la Iglesia y en el mundo; y, a través de sus múltiples servicios o ministerios eclesiales, prolongan la caridad de Cristo, sobre todo, con los más pequeños y necesitados.
Los Institutos de Hermanas y de Hermanos ponen dentro del laicado y ante los ministros ordenados un dinamismo comunitario y apostólico del todo particular subrayando la dimensión carismática, escatológica y profética que brota de su profesión de los consejos evangélicos. Su vocación “tiene un valor propio, independientemente del ministerio sagrado, tanto para la persona como para la Iglesia” 29. Por eso, la escasez de clero no es razón suficiente para invitar o presionar sobre los Hermanos hacia la ordenación sacerdotal.
En la lógica de la eclesiología de comunión, los consagrados Hermanos o Hermanas ofrecen sus dones y los comparten con todos los miembros del pueblo de Dios y se integran –desde su específica condición de consagrados y según el espíritu del propio Instituto- en la comunión-misión eclesial. Respecto a los Pastores, los Hermanos y Hermanas reconocen el alcance mistérico de su ministerio y los acogen con sus dones jerárquicos y carismáticos, como regalo del Señor Jesús. Se dejan guiar por ellos y colaboran con todas sus fuerzas y carismas particulares en su ministerio sacerdotal, magisterial y pastoral.
El carisma colectivo de la vida consagrada de los Hermanos/as se extiende más allá de los límites de una iglesia particular; crea redes, nudos operativos en diversas iglesias particulares; funciona con una cierta autonomía y capacidad de creación. Si esto se acoge en la Iglesia, y así se hace cuando se le concede la aprobación no solo diocesana, sino pontificia, entonces las iglesias particulares y sus Obispos, no se apropian de ella sin más, sino que favorecen su instinto de universalidad y en sus iniciativas expresan también su vocación de catolicidad30. Como se ha indicado ya, la catolicidad forma parte de la entraña misma del ministerio ordenado. Las Congregaciones de Hermanos/as de ámbito supradiocesano permiten a los Obispos activar su vocación de catolicidad y apertura al todo, de forma especial, en el ámbito de la pastoral de la caridad, de la educación, del anuncio misionero del Evangelio.
Cuando se tiene en cuenta todo el valor que la vida consagrada tiene en la Iglesia, desaparece toda tentación de “utilitarismo” o “instrumentalización” en las iglesias particulares. Y, en concreto, cuando se aprecia el valor de la vida de comunidad, en tanto que espacio teologal en el que se puede experimentar la mística presencia de Cristo resucitado (cf Mt 18,20) 31, se la protege y se la promueve.
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28 LG 31. 29 VC 60. 30 La lectura comparativa del IL y de la VC permite ver los elementos que concuerdan en la peculiar analogía existente entre la forma de vivir el Obispo su carisma y ministerio y la forma de vivir su vocación y misión el religioso. De hecho, ambos viven en una Iglesia particular y, aunque por distintos motivos, los dos se hallan vinculados y referidos a la Iglesia universal. El Obispo preside una Iglesia particular siendo miembro del colegio apostólico y estando unido al ministerio petrino. Ha sido consagrado no sólo para una diócesis, sino para la salvación del mundo entero (AG 38; IL 103). En su persona se expresa la reciprocidad entre la Iglesia universal y la Iglesia particular (Cf. IL 79.80.65-68.VC 49). El religioso, por su carisma, aunque viva y trabaje en una Iglesia particular, está referido a la misión universal de la Iglesia. Por su consagración queda vinculado al Sucesor de Pedro en su ministerio de unidad y de universalidad misionera (Cf. VC 47-47. IL. 80. 92.). 31 Cf VC 42 |
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