Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
Fr Aquilino Bocos Merino
C.M.F. Superior General
En Comunión con nuestros obis. para la esper. del mundo

IntraText CT - Texto

  • II. UNA MISMA PREOCUPACIÓN: LA ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN
    • 2. El icono del Buen Pastor ilumina la espiritualidad de comunión
Anterior - Siguiente

Pulse aquí para activar los vínculos a las concordancias

2. El icono del Buen Pastor ilumina la espiritualidad de comunión

Hay un elemento también novedoso en el IL, que lo sitúa en continuidad con otro elemento novedoso de la exhortación “Vita Consecrata”, y es la referencia a la “filocalia”, es decir, el amor por la belleza divina que es irradiación de la divina bondad37.

 

El IL presenta el misterio y la gracia del Episcopado desde la perspectiva de la belleza, o estética teológica. El icono que –siguiendo los pasos de algunos documentos últimos- se propone para iluminar la figura espiritual del obispo es el icono de Cristo Buen Pastor.

 

Al explicar este icono, el IL dice: “Jesucristo entonces es el pastor, que une en sí la verdad, la bondad y la belleza del don de sí por el rebaño. La belleza del buen pastor está en el amor con que se entrega por cada una de sus ovejas y establece con ellas una relación directa de conocimiento y amor….. La belleza del pastor se manifiesta en la belleza de una Iglesia que ama y que sirve. Ella es motivo de esperanza para toda la humanidad, movida también por el instinto divino, que lleva en el corazón, hacia la belleza que salva, la cual se expresa en el rostro del Cordero-Pastor.” 38

 

La espiritualidad del Obispo tiene aquí su icono y su meta: ¡no suplantar, sino hacer sacramentalmente presente al Buen Pastor en medio de la Iglesia particular!

 

La vocación episcopal es bella tal como la liturgia de la ordenación episcopal expresa paso a paso. Es bueno que en una espiritualidad de comunión, apreciemos la belleza de las demás vocaciones y la belleza suscite en nosotros el amor, la valoración, el deseo de comunión.

 

La belleza de la vocación episcopal se detecta, ante todo, en su impronta trinitaria39. El obispo recibe el sello, la marca de la belleza trinitaria: es imagen del Padre-Madre40, imagen viviente del Señor Jesús como cabeza y esposo de la Iglesia y ungido por el Espíritu41. La insistencia en los término “imagen”, “icono”, “sacramento” nos hacen ver que la vocación episcopal es, ante todo, una vocación “simbólica”, “representativa”, referencial. De la misma forma que desde el Vaticano II se ha resaltado que la vocación a la vida consagrada es, fundamentalmente, vocación significativa, simbólica, representativa; así también la vocación ministerial episcopal es presentada en la misma perspectiva, pero ya no solo como un elemento carismático, sino como un elemento carismático-constituyente, sacramental, del ser de la Iglesia.

 

Redescubrir nuestra vocación de “signo”, “símbolo” en la iglesia y en el mundo en correlación con la vocación también simbólica y representativa de los ministros ordenados y de la comunidad cristiana, abrirá nuevos horizontes a una eclesiología simbólica que haría justicia a la expresión ya clásica de “Ecclesia, Sacramentum Mundi”.

 

El ministerio ordenado episcopal configura la realidad espiritual del Obispo, que está llamado a ser icono viviente de Jesús, Pastor y Esposo. Esto hace que, ante todo, potencie en sí mismo el amor a la Iglesia y la pasión por la comunión entre todos (reunir a los hijos de Dios dispersos42. Todo se resume en la “caridad pastoral”, alma y raíz del ministerio y de su espiritualidad peculiar43. Nosotros los religiosos también nos sentimos llamados a vivir la “perfecta caritas”, o el mandamiento principal que configura nuestra vida como una vida de obediencia a la Alianza. También nosotros participamos, en diversos grados, de la “caridad pastoral” del Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas. Lo hacemos presente en nuestros múltiples ministerios, con los cuales llevamos adelante la misión de la Iglesia, dirigida y animada por nuestros pastores.

 

Aquí conviene recordar lo que decimos de todas las espiritualidades propias: cuando “lo propio” se hace único, excluyente, se aísla, se afirma como superior, la espiritualidad se vuelve idolátrica. Sólo en la comunión del Espíritu, en la “mutua relatio” obtienen todas las espiritualidades particulares su impronta eclesial y su perfección. El intercambio de dones es un elemento esencial de la espiritualidad de comunión. Nadie, ningún grupo, puede por sí mismo avanzar en el camino espiritual sin correlaciones con otros estilos de espiritualidad.

 

 




37 VC 19. El PDV había antes desarrollado el significado de la figura del Buen Pastor, cm n.21.



38 IL. 35.



39 Cf. IL  38-40.



40 Hay en IL. 41 una alusión a la Didascalia apostolorum que podría orientar en este sentido.



41 Cf IL 40.



42 Cf IL. 44.



43 Cf IL. 46






Anterior - Siguiente

Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText

Best viewed with any browser at 800x600 or 768x1024 on Tablet PC
IntraText® (V89) - Some rights reserved by EuloTech SRL - 1996-2007. Content in this page is licensed under a Creative Commons License