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Fr. Camilo Maccise, OCD
Experiencia de la gratuidad de Dios

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La vida cristiana es esencialmente un seguimiento de Jesús. El Concilio Vaticano II, al hablar de la vida consagrada, insistió en varios lugares en el aspecto fundamental de su compromiso de seguir a Jesús. Calificó este seguimiento de Cristo como la “norma última” del consagrado (PC 2). Es importante siempre tratar de profundizar sobre algunos aspectos del seguimiento de Jesús que deberían caracterizar la vida consagrada, al igual que toda vida cristiana.

El primer aspecto de la espiritualidad del seguimiento de Jesús es la experiencia de la gratuidad de Dios. La reflexión sobre el sentido del seguimiento de Cristo en los evangelios nos lleva a constatar que es fruto de un llamado gratuito de Dios. El tema de la elección es la expresión de esa gratuidad y va acompañado de la garantía de su fidelidad y misericordia. Vivir la espiritualidad del seguimiento como experiencia de la gratuidad de Dios hace posible evitar la autosuficiencia y el desaliento. Se tiene la certeza de la presencia y ayuda de Dios para que se pueda asumir con humildad y responsabilidad la misión que El encomienda.

La espiritualidad del seguimiento de Jesús es, en segundo lugar, una experiencia de ruptura con las seguridades humanas. La única seguridad debe ser Dios, en una apertura a sus caminos incomprensibles (Is 55, 8-9; Rom 11,32-35) y en un compromiso en el trabajo del Reino.

Al llamar a su seguimiento, Jesús explicitó que elegía para establecer una relación de amistad con El. Por eso la espiritualidad del seguimiento está orientada a la experiencia de una creciente comunión con Cristo.  Todos los trabajos y esfuerzos del seguidor de Jesús se van realizando “en El”.  En una palabra, desde el principio hasta el final,  la existencia cristiana se desarrolla “en Cristo” (1 Cor 15,18.22), al grado de poder afirmarvivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20).

La espiritualidad del seguimiento es también una experiencia de ser discípulos de Jesús. El discipulado del Nuevo Testamento se entiende mejor en la perspectiva de las relaciones maestro-discípulo en el mundo rabínico. En él se insistía en la importancia de atender a las más pequeñas enseñanzas del maestro y a estar dispuesto a transmitirlas. Esta enseñanzas se referían especialmente a la conducta de vida, a lo que se conocía con el nombre de “sabiduría”. Cristo es para sus seguidores la verdadera Sabiduría de Dios. Siguiéndolo se conoce la verdad y la verdad nos hace libres (Jn 8,32).

El seguimiento de Jesús es también una experiencia de formar parte de una comunidad de seguidores. El seguimiento tiene un sello fuertemente comunitario. Es en la comunidad eclesial donde se recibe, a lo largo de la historia,  el llamamiento a seguir a Jesús. El, presente en medio de los creyentes repite este gesto de convocar y comunica a sus seguidores diversos carismas para servicio de la comunidad.

La llamada de Jesús a seguirlo es, al mismo tiempo, una llamada a la misión de testimoniar y anunciar la Buena Noticia y a interpelar, desde ella y desde sus exigencias,  la vida personal y social.  Por eso, es la experiencia de un compromiso profético evangelizador.

Al practicar personal y comunitariamente el discernimiento sobre nuestra vocación y misión como consagrados hoy, tengamos siempre como telón de fondo y punto de referencia central estas características de la  espiritualidad del seguimiento de Jesús.

 

 

 

Para el Forum: ¿Cuál de estas características de la espiritualidad del seguimiento de Jesús consideras más urgente y necesaria hoy para la vida consagrada? ¿Por qué?

 





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