3.
LIBERTAD PARA LA JUSTICIA: Hemos
vivido en la etapa moderna y el actual desorden social, el agravamiento de la
distancia y oposición entre la libertad y la justicia, la cual se manifiesta en
las escandalosas desigualdades sociales presentes.
Jesús nos
esclareció que en el amor solidario fraterno florece la verdadera libertad: la
libertad para la justicia. Así mismo, si la justicia no llega libremente, no es
verdadera justicia humana y mucho menos divina. Este empeño libre y gozoso por
la justicia está en el corazón de la misión de Jesús (Lc 4,l8.l9).
La
espiritualidad ignaciana se ha distinguido por ser fuente de verdadero
humanismo. Por ello, fuente de personas libres y sensibles ante las
injusticias. En el hoy este humanismo cristiano e ignaciano requiere especial
énfasis en la comprensión y vivencia de la armonía que privan entre libertad y
justicia. Esta formación para la justicia es algo que se nos urge en las
recientes Congregaciones Generales delante de las graves injusticias sociales
que vivimos.
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