"Cuando
ya no nos llena la experiencia de Dios, buscamos sustituirla por el ego
institucional: los éxitos numéricos, el activismo y la eficacia
reconocidos, la extensión de la presencia y de la notoriedad públicas, la
difusión social de los propios emblemas... como si fuese un partido y una
ideología, no una vida que se alegra de compartir lo que ha descubierto y
simplemente lo propone a los otros."
¿Cómo me siento ante esta afirmación? ¿Me
identifico con ella? ¿Por qué?
¿Qué respuesta me parece que estamos dando a la
gran sed de trascendencia que descubrimos en nuestro entorno social?
¿Vivimos también nosotros una crisis de espiritualidad?
¿Qué lugar ocupa la experiencia de Dios en mi
vida? ¿Quién es realmente Dios para mí?
¿Cuáles son los medios que experimento como más
importantes en mi camino personal de crecimiento en la fe?
¿Estoy satisfecho/a con las formas de plegaria
de mi comunidad?
¿Por qué? ¿Cómo podríamos mejorarlas?
¿Cómo podríamos ayudarnos en comunidad para que
el discernimiento fuera una actitud de vida habitual?
¿Qué entiendo por espiritualidad encarnada? ¿Qué
podría ser un espiritualismo alienante?