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José Cristo Rey García Paredes, CMF
Religiosos bajo principio de Ujamaa

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La vida religiosa en Africa ha vivido en estado de subordinación y sumisión a la concepción de la vida religiosa occidental. Cuando nuestros hermanos y hermanas africanos se han sentido llamados a nuestras congregaciones les hemos ofrecido un sistema formativo, comunitario, espiritual-carismático, misionero elaborado en las sociedades occidentales y con una impronta marcadamente occidental... es decir, ajeno a sus culturas, para nosotros tan misteriosas. En un primer momento, ellos entendían que debían someterse a nosotros; valoraban, tal vez en exceso, nuestra forma de comprender las cosas y de organizarlas. Sin embargo, está cambiando la situación. El Concilio Vaticano II ha iluminado nuestra mente y ensanchado nuestro corazón.

Africa es un continente misterioso, un tesoro impresionante de la humanidad, una sinfonía que no acabamos de valorar. Africa es un continente mártir. Varios siglos de presencia europea en él han llevado un poco de bien, pero muchísima desgracia y barbarie.

La sociedad africana no conoció hasta la llegada de los europeos ni el feudalismo ni el capitalismo. La división en clases y la proletarización fueron importadas e impuestas por la colonización y la integración de Africa en el marcado mundial. La comunidad tradicional africana vivía según los principios de la ?Ujamaa? (“espíritu de comunidad!). Los miembros de la ?Ujamaa? se consideran como un todo, co-partícipes de la propiedad y de las decisiones políticas; según ese espíritu nadie puede estar harto, mientras otro está hambriento. La democracia africana tradicional era la ?democracia de la palabra? en la que se discutía hasta que todo el mundo se ponía de acuerdo.

La presencia de los países llamados civilizados en Africa ha estado orlada de barbarie y acciones nefandas, que hoy no se jalean: exterminio, opresión, violación de los derechos de la persona y de las culturas, saqueo cultural. Los europeos hemos ido a Africa para enriquecernos y en plan de superioridad. El pasado siglo Africa se debatía en la lucha contra la esclavitud. Se fundaron ciudades de libertad: Freetown, Libreville, Bagamoyo. La conferencia de Berlín, convocada por Bismarck de 1884 a 1888, la dividió en treinta territorios destinados a la colonización; los representantes de los Estados de Europa y de América que participaron en ella, consideraban a los negros como menores que debían ser tutelados. Se instauró así la colonización. Se trataba de una tutela demasiado interesada. Baste recordar, como botón de muestra, que en 1939 vivían en Ibadán (Nigeria) 50 europeos que disponían de 11 camas de hospital, mientras que medio millón negros disponían solo de 34; en el conjunto del país había 12 hospitales para 4.000 europeos y 52 para 40 millones de nigerianos. Un informe de la UNESCO en el momento de las independencias, cifraba el número de analfabetos en Africa, después de cuatro siglos de presencia europea, después de setenta años de colonización, entre el 80 y 85 por 100. En 1919, el ministro francés de las Colonias, Henry Simon, definía objetivo del programa educativo ?transformar a los mejores elementos indígenas en franceses consumados?. En la actualidad los países africanos gozan de una relativa independencia y autonomía. Intentan llevar adelante un proyecto conjunto de desarrollo integral, que le reconcilie con sus mejores raíces culturales. Se dice que un africano no se ?desarrollará? convirtiéndose en un europeo de piel negra. La ?Ujamaa? es un dogma referencial importante. No se trata de un regreso al pasado, sino de un punto radical de encuentro para crear un futuro autóctono.

La vida religiosa ha estado presente y actuado en Africa en este contexto colonizador: muchas veces en contra de él, a veces en connivencia con él. Muchos religiosos y religiosas han dado su vida, llevados por su gran celo misionero, por Africa; pero a veces han estado demasiado ligados a los colonizadores: ?Cuando Alemania en 1919 perdió sus colonias, “no marcharon juntamente con los administradores las congregaciones misioneras alemanas? “no llegaron con los nuevos administradores sociedades misioneras francesas, belgas y británicas? Cuando Italia conquistó Etiopía, “cuántas congregaciones italianas no descubrieron de repente su vocación misionera en Etiopía?? (A.Henry).

Hoy los cristianos de Africa son conscientes de que la Iglesia está naciendo allí ?africana? y ha de seguir decididamente ese proceso. Es necesario una fuerte impregnación cultural en los valores espirituales y culturales de sus pueblos. La diferencia entre los occidentales y el hombre o la mujer africanos no es solamente sociológica, es de orden cultural y filosófico.

Por gracia de Dios llegan a nuestros institutos africanos que se siente llamados a participar en nuestros carismas. “Estamos dispuestos a ofrecerles espacios de libertad en los cuales puedan hacer renacer el carisma? “Estamos dispuestos a colaborar con ellos en ese proceso?

Necesitamos una configuración pluricultural de la vida religiosa. Están emergiendo en Africa formas auctótonas de vida religiosa. Es necesario permanecer abiertos a este don.

 

 





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