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La vida religiosa en Africa
ha vivido en estado de subordinación y sumisión a la
concepción de la vida religiosa occidental. Cuando nuestros hermanos y
hermanas africanos se han sentido llamados a nuestras congregaciones les hemos
ofrecido un sistema formativo, comunitario, espiritual-carismático,
misionero elaborado en las sociedades occidentales y con una impronta
marcadamente occidental... es decir, ajeno a sus culturas, para nosotros tan
misteriosas. En un primer momento, ellos entendían que debían
someterse a nosotros; valoraban, tal vez en exceso, nuestra forma de comprender
las cosas y de organizarlas. Sin embargo, está cambiando la
situación. El Concilio Vaticano II ha iluminado nuestra mente y
ensanchado nuestro corazón.
Africa es
un continente misterioso, un tesoro impresionante de la humanidad, una
sinfonía que no acabamos de valorar. Africa es un continente
mártir. Varios siglos de presencia europea en él han llevado un
poco de bien, pero muchísima desgracia y barbarie.
La
sociedad africana no conoció hasta la llegada de los europeos ni el
feudalismo ni el capitalismo. La división en clases y la
proletarización fueron importadas e impuestas por la colonización
y la integración de Africa en el marcado mundial. La comunidad
tradicional africana vivía según los principios de la ?Ujamaa?
(“espíritu de comunidad!). Los miembros de la ?Ujamaa? se consideran
como un todo, co-partícipes de la propiedad y de las decisiones
políticas; según ese espíritu nadie puede estar harto,
mientras otro está hambriento. La democracia africana tradicional era la
?democracia de la palabra? en la que se discutía hasta que todo el mundo
se ponía de acuerdo.
La
presencia de los países llamados civilizados en Africa ha estado orlada
de barbarie y acciones nefandas, que hoy no se jalean: exterminio,
opresión, violación de los derechos de la persona y de las
culturas, saqueo cultural. Los europeos hemos ido a Africa para enriquecernos y
en plan de superioridad. El pasado siglo Africa se debatía en la lucha
contra la esclavitud. Se fundaron ciudades de libertad: Freetown, Libreville,
Bagamoyo. La conferencia de Berlín, convocada por Bismarck de 1884 a
1888, la dividió en treinta territorios destinados a la
colonización; los representantes de los Estados de Europa y de
América que participaron en ella, consideraban a los negros como menores
que debían ser tutelados. Se instauró así la
colonización. Se trataba de una tutela demasiado interesada. Baste
recordar, como botón de muestra, que en 1939 vivían en
Ibadán (Nigeria) 50 europeos que disponían de 11 camas de
hospital, mientras que medio millón negros disponían solo de 34;
en el conjunto del país había 12 hospitales para 4.000 europeos y
52 para 40 millones de nigerianos. Un informe de la UNESCO en el momento de las
independencias, cifraba el número de analfabetos en Africa,
después de cuatro siglos de presencia europea, después de setenta
años de colonización, entre el 80 y 85 por 100. En 1919, el
ministro francés de las Colonias, Henry Simon, definía objetivo
del programa educativo ?transformar a los mejores elementos indígenas en
franceses consumados?. En la actualidad los países africanos gozan de
una relativa independencia y autonomía. Intentan llevar adelante un
proyecto conjunto de desarrollo integral, que le reconcilie con sus mejores
raíces culturales. Se dice que un africano no se ?desarrollará?
convirtiéndose en un europeo de piel negra. La ?Ujamaa? es un dogma
referencial importante. No se trata de un regreso al pasado, sino de un punto
radical de encuentro para crear un futuro autóctono.
La vida
religiosa ha estado presente y actuado en Africa en este contexto colonizador:
muchas veces en contra de él, a veces en connivencia con él.
Muchos religiosos y religiosas han dado su vida, llevados por su gran celo
misionero, por Africa; pero a veces han estado demasiado ligados a los
colonizadores: ?Cuando Alemania en 1919 perdió sus colonias, “no
marcharon juntamente con los administradores las congregaciones misioneras alemanas?
“no llegaron con los nuevos administradores sociedades misioneras
francesas, belgas y británicas? Cuando Italia conquistó Etiopía,
“cuántas congregaciones italianas no descubrieron de repente su
vocación misionera en Etiopía?? (A.Henry).
Hoy los
cristianos de Africa son conscientes de que la Iglesia está naciendo
allí ?africana? y ha de seguir decididamente ese proceso. Es necesario
una fuerte impregnación cultural en los valores espirituales y
culturales de sus pueblos. La diferencia entre los occidentales y el hombre o
la mujer africanos no es solamente sociológica, es de orden cultural y
filosófico.
Por
gracia de Dios llegan a nuestros institutos africanos que se siente llamados a
participar en nuestros carismas. “Estamos dispuestos a ofrecerles espacios de
libertad en los cuales puedan hacer renacer el carisma? “Estamos dispuestos a
colaborar con ellos en ese proceso?
Necesitamos
una configuración pluricultural de la vida religiosa. Están
emergiendo en Africa formas auctótonas de vida religiosa. Es necesario
permanecer abiertos a este don.
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