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Instituto de los Hermanos Maristas
A proposito de nuestros bienes

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¿Por qué escribo esta carta?

1. Hace tiempo que me preocupa la idea de cómo puedo ayudar a que los criterios evangélicos estén más presentes en el uso de los bienes y en la administración de los mismos. Y esto comprende diversos aspectos, entre otros: de dónde provienen nuestros recursos y a qué los destinamos; las reservas que acumulamos y los fondos que vamos creando para prevenir posibles o hipotéticos riesgos; la misión de los Hermanos Ecónomos, las estructuras administrativas (su transparencia y la separación económica de la comunidad y la gestión de las obras), compartir por solidaridad, limitar el "techo" de reservas y dejar un margen a la inseguridad y al abandono en la Providencia

      En todo eso tienen gran influencia las diferencias que existen entre nosotros respecto a la valoración del dinero y de los medios materiales, y respecto al equilibrio que hemos de tener entre los medios y la "calidad" de la evangelización.

      En un principio me propuse reflexionar sobre la "capitalización" tal como lo pidió el XVIII Capitulo General de 1985, asunto que el Hermano Charles trató con particular atención. Pero, a medida que lo reflexionaba, me pareció conveniente tratar este tema desde una perspectiva más amplia, porque nuevos elementos van surgiendo e inciden en aspectos importantes del uso de los bienes y, por supuesto, en nuestra vida y decisiones en cuanto comunidad local o provincial. Además, tengo la impresión que, por silenciarlo varios años, se va creando cierta confusión en algunas administraciones provinciales.

2. Por otra parte, hay Hermanos que ven incoherente impulsar la vitalidad del carisma y los procesos de refundación, sin discernir y sin tomar decisiones respecto al uso evangélico de los bienes. Y es muy cierto que el uso de los bienes y la administración de los mismos repercuten en nuestra vida marista. El voto de pobreza no atañe sólo a los individuos sino que tiene una dimensión colectiva e institucional. Para nosotros es difícil separar la pobreza de la economía y viceversa. En nuestra misión de evangelizar a los jóvenes (de preferencia a los pobres), la administración de los bienes tiene estrecha relación con la vida de pobreza evangélica. Y la pobreza la viven y testimonian las personas y las instituciones, porque ambas usan los medios.

      Personalmente tengo la convicción de que los "sueños de refundación" se quedarán en los deseos y en los papeles mientras no asumamos opciones evangélicas en los aspectos que atañen a la pobreza colectiva y personal. La gestión económica, la cantidad de bienes que acumulamos, el destino de nuestro patrimonio y del dinero están condicionando esos procesos de refundación y de vitalidad de nuestro carisma. El tema de cómo usamos nuestros recursos materiales de acuerdo a los valores evangélicos, es un asunto crucial para nuestra identidad religiosa hoy.

      Pobreza y profecía van unidas. Nuestra credibilidad está en juego y por ello nuestra vida institucional, comunitaria y personal, necesita volver a encontrar su frescura liberándose de "peso", recuperar su sencillez y su libertad de movimiento para ir a lugares donde Cristo está crucificado: "Si la sal pierde su sabor, ¿cómo se le podrá devolver...? Vuestra luz debe brillar ante los demás, de modo que puedan ver vuestras buenas obras y alaben a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt. 5, 13-16)

      En la reflexión que sigue, el núcleo central es la pobreza colectiva e institucional. Apenas aludiré a la pobreza personal pues no me propongo hoy invitar a que cada Hermano sea más pobre, más austero. Veo difícil que todo eso pueda hacerse realidad si el Instituto como tal, si las Provincias, los Distritos y las comunidades no asumen actitudes evangélicas de pobreza, es decir, de sencillez de vida, de sobriedad e incluso de austeridad.

      Acepto que las personas necesitamos convertirnos, pero algunas conversiones personales pueden resultar sumamente difíciles si no modificamos, a la par, formas de ser y de vivir colectivas en el Instituto. El tema "pobreza" es una de ellas. Conozco Hermanos que viven con una gran sobriedad, pero no cómo han podido conseguirlo en un medio donde no falta nada y en el que sobran muchas cosas.

 




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