- ¿Por qué escribo esta carta?
- Contexto de esta reflexión
- a) Conciencia que tengo de la variedad de situaciones del Instituto:
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a) Conciencia que tengo de la variedad de
situaciones del Instituto:
3. Un Instituto presente en 75
países tiene que ser necesariamente multiforme y no puede afrontar cada
realidad con soluciones uniformes y universalmente válidas. Hay variedad de
situaciones y hay que aceptar que ellas impondrán respuestas diversas.
Variedad
de contextos sociales, culturales y económicos, que no me
permite ofrecer soluciones concretas y únicas para todos.
Variedad
de responsabilidades frente a los hermanos y frente a las obras.
Las responsabilidades difieren de un país a otro. Por ejemplo: hay
bastantes gobiernos que no dan aporte económico a la educación privada, ni
proporcionan seguridad social, ni atención médica ni pensiones para los
Hermanos. Las Provincias han de hacer previsiones para afrontar
responsabilidades sociales frente a terceros y para atender a nuestros
Hermanos enfermos y ancianos.
Algunas necesitan recursos para nuevos proyectos apostólicos o para
obligaciones misioneras. A ello se añade que hay países donde el trabajo
educativo no ofrece un salario que sea suficiente para vivir y atender los
gastos que genera la formación de los candidatos.
Diferencias
en la capacidad económica y organizativa de las Provincias.
Tenemos Provincias económicamente pobres que han de afrontar muchas
responsabilidades y otras tienen desahogo financiero y pocas
responsabilidades sociales.
También se da el caso de que por falta de solidaridad interna o por
carecer de una sana organización, la caja común provincial dispone de
pocos recursos, pero buen número de comunidades o de obras viven con
holgura de medios.
Variedad
de concepciones sobre la "pobreza", y sobre la relación entre
"eficacia y calidad apostólica y recursos económicos".
Esto ocurre en obras escolares y en proyectos pastorales. Podemos entender
de modo diferente el concepto del voto de pobreza y de los medios que
creemos necesarios para realizar la misión. A ello suele contribuir la
mentalidad que nos creamos a partir del contexto social que nos rodea (el
que constituye el entorno de las obras o las comunidades). Esto contribuye
a que Hermanos que se han acercado al mundo real de la pobreza y del
dolor, se muestren un poco escépticos cuando hablamos o escribimos sobre
este tema. Tengo la impresión de que les suena a retórica vacía y que el
Instituto sigue perdiendo credibilidad en este asunto de la pobreza
colectiva e individual.
Pienso que las connotaciones culturales nos condicionan más en el voto de
pobreza que en los de obediencia y castidad. Ser pobre significa algo
diferente de una sociedad a otra, dependiendo de los lazos familiares, del
tipo de economía, etc. La pobreza significa una cosa en la India, donde
existe una larga tradición del santo mendicante, otra en Africa donde la
riqueza es considerada una bendición de Dios, y otra en las culturas
consumistas de los países industrializados. A ello hay que añadir los
ambientes donde están situadas nuestras comunidades.
¿Es que, en materia de pobreza, todo es relativo dada la variedad y
celeridad de los cambios? En nuestras decisiones económicas, en el uso de
medios, en el estilo de vivienda, ¿qué influyen más, los criterios del
Evangelio o la publicidad? ¿Cómo formar en la sobriedad a jóvenes que no
han sido educados al sacrificio y a quienes nada material les ha faltado?
¿Cómo ayudar a descubrir el valor de ser pobre y desprendido por Cristo a
jóvenes para quienes la profesión religiosa supone un inevitable cambio de
'status' social o cuya vida está marcada por el azote de las necesidades
básicas?
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