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| Instituto de los Hermanos Maristas A proposito de nuestros bienes IntraText CT - Texto |
¿De dónde nos
viene el dinero hoy?
Algunas cosas que han cambiado y sus repercusiones.
6. Actualmente la mayoría de los Hermanos ya no viven del fruto de su trabajo. Hay Provincias que no dependen tanto de los salarios de los Hermanos como de los beneficios que provienen de las inversiones. Y a veces suele ocurrir que las crisis de inflación favorecen la rentabilidad de las inversiones y el aumento de los beneficios.
La nuevas formas de conseguir dinero y aumentar las inversiones ha generado un ambiente totalmente nuevo para nuestra vida religiosa. Tenemos, en muchos casos, una seguridad a la cual nunca aspiramos llegar. La chispa de la audacia evangélica, puede quedar fácilmente sofocada por la facilidad del dinero. Inconscientemente pueden los Hermanos ir adoptando un estilo de vida "aburguesado" que refleja más los postulados del neoliberalismo económico que los criterios del Evangelio.
La facilidad con que nos viene el dinero puede crearnos también interrogantes o preocupaciones en el campo de la formación. Ahora, desde el primer día del noviciado, un joven forma parte de un grupo de hombres que disponen de envidiables medios económicos, en la mayoría de las ocasiones más numerosos que los que gozan sus familias y la mayoría de la población de su país. Y estos jóvenes religiosos tendrán que estar muy atentos para evitar los peligros que tal herencia puede suponer para su coherencia personal y para su idealismo de consagrados-para-la-misión y al servicio de la juventud necesitada.
Y hasta en los nuevos proyectos con los pobres debemos estar atentos. Algunas comunidades han sido creadas en los últimos años por razones de solidaridad, para aportar presencia eclesial en ambientes marginados o como misión "ad gentes". Con frecuencia se da el caso que no disponen de recursos y son sustentadas por la Provincia. Esto tiene doble lectura: un aspecto positivo que es la solidaridad provincial para redistribuir los bienes de la sociedad, pero por otra parte pone en evidencia la fragilidad de esas nuevas presencias, si los Hermanos no pueden vivir con su trabajo. Recuerdo a este respecto la preocupación del P. Champagnat al establecer contratos que fueran dignos, pero al menor costo posible según las localidades. También nosotros necesitaremos ser creativos en las soluciones.
El dinero lleva también al poder. Las tentaciones de Jesús son también nuestras tentaciones. Sabemos que los recursos que se tienen y el poder son arma de doble filo: valiosos cuando se emplean para buenos fines, pero también nos pueden corromper y alejarnos de la realidad, sobre todo de la dura realidad vivida por el grupo social formado por las personas económicamente débiles o en dificultad. Fácilmente podemos orientarnos hacia un mundo más profesional que apostólico. Podemos caer en la tentación de complacer a otras autoridades y bienhechores ricos, en vez de cuestionarlos en términos del bien común y de la justicia distributiva. Nos podemos engañar pensando y obrando como si el bienestar de nuestra institución fuera el objetivo de nuestra vida.